Thursday, April 5, 2012

EL CABRESTO DE DIOS.

Muchos de los duros golpes que le da la vida a una persona vienen a ser como un cabresto que Dios en su omniciencia, mirando más allá de lo que el humano puede ver, utiliza para de alguna forma frenar a sus hijos que sin darse cuenta se encaminan hacia un despeñadero.
Prueba de esto lo encontramos en el ejemplo del pastor y sus ovejas. Cuando una oveja se desvía y se sale del redil, el pastor sale y la busca, pero cuando esta ovejita se crea un hábito de alejarse del rebaño, el pastor le quiebra una patita. Con esta practica dolorosa, le está evitando a la ovejita un final desastroso que  puede resultar si en una de esas aventuras lejos del rebaño, lejos del cayado de su pastor se llegara a encontrar con un lobo en al campo.

Al decirle a Saulo: "Dura cosa te es dar coces contra el aguijón" el Señor lo estaba presentando ante su cruda realidad, la cual en su ceguera espiritual él no podía ver. Saulo estaba actuando igual que un animal irracional, despitado, al que se debe frenar con un cabresto, una soga tejida atada a la parte inferior del bozal para sujetar al animal a una estaca en el suelo o el tronco de un árbol.

De niños nos enseñaban que Dios castiga a los hijos desobedientes y esto nos parece muy duro de aceptar cuando pensamos en un Dios que es todo amor y misercordia. Es cierto, Dios no anda con un lástigo en la mano castigando a todo el que anda en rebeldía. Sin embargo no es menos cierto que Dios permite que las leyes naturales se encarguen de hacer esa corrección cuando son desobedecidas.

Uno de los principios de la ley natural establece que cada acción produce una reacción y en este sentido nadie puede prentender quebrar una ley natural y pensar que va a salir  ileso todo el  tiempo.

En algun momento de tu vida va a haber un evento doloroso y ese evento va a ser el mismo que más adelante traiga a tu vida la paz y el refrigerio que has anhelado.

Por eso cuando te encuentre en una situción dolorosa piensa qué situación se te está arreglando en la vida.

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