Cuando el carcelero de Filipos le preguntó a Pablo ¿Qué debo hacer para ser salvo? la respuesta fue corta y concisa: Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tu y tu casa. (Hechos 16:31) Allí no hubo un sermón profético ni una declaración profética, ni una impartición ni nada de eso.
Hay que destacar que la familia no es salva automáticamente cuando uno es salvo. La familia cae dentro del plan de la salvación y ahora al convertirse un miembro de esa familia se abre una puerta que permitirá que todos los demás miembros sean expuestos a la la palabra del Evangelio y esa palabra en consecuencia y juntamente con el Espiritu Santo producen el arrepentimiento.
Antes, quizás no había motivación alguna para que la familia se encaminara por los senderos del Evangelio y para creer en el Señor Jesucristo, pero ahora que se comienza a ver un cambio radical en la vida del padre o de la madre, en su actitud, en su temperamento, su caracter comienza a cambiar. Su vocabulario es diferente, se cambian las malas palabras, las maldiciones que decoraban el vocabulario de esa persona ante las más difíciles de las adversidades se han convertido en palabras de bendición y acción de gracias al Señor. Se cambian las amarguras, las disenciones, los reclamos, las griterías.
Cuando la familia comienza a ver que cambia la música que se escuchaba en su casa y que ahora lo que se escuchan son alabanzas entonadas al Señor, y comienza a ver que desaparece el maltrato físico o verbal contra el cónyuge y contra los hijos. Cuando los fines de semana de amargura por la embriaguez, el abandono, las parrandas se tornan en reuniones familiares, es cuando todos los demás miembros de una familia van a querer acercarse tambien al Señor.
No cabe dudas que la actitud perdonadora y conciliadora de Pablo fue el vehículo que utilizó el Espiritu Santo para convencer al carcelero de Filipos. Ante esta posición del apóstol, el hombre cae de rodillas y hace la pregunta.
Allí mismo le lava las heridas a Pablo y Silas, los lleva a su casa (a esa hora de la noche) le sirve de comer y allí junto a su familia son bautizados todos.
La actitud de Pablo y Silas hace que este hombre se convierta a Jesucristo, pero tiene que haber sido el cambio en su actitud la que hizo que su familia creyera.
Si recreamos el escenario de lo allí sucedido, es sano pensar que este hombre cuyo oficio era guardia al servicio del ejército romano, trabajando el turno de la noche, lo más posible era que no le tocara llegar a su casa sinó hasta el amanecer, y si se llegara a pensar que este turno en conjunto con su oficio pudieron haber hecho de este hombre un hombre lleno de amarguras y que al llegar a la casa después de haber pasado la noche bregando con delincuentes y malhechores, quizás llegara a pelear y discutir con la familia.
Al llegar en esta ocasión a media noche, antes de terminar su turno de trabajo, y al verle su esposa y sus hijos vendando las heridas y preparando la mesa para un ex presidiario que él había maltratado y que se suponía debía estar velando en la cárcel, la familia inmediatamente supo que algo había sucedido en su vida, algun cambio se había producido y ellos no podían creer que aquel era el esposo o el padre que antes llegaba a pelar a la casa.
Es el cambio que se produce en nuestra vida cuando creemos, que si lo reflejamos hacia la familia, hace que ellos tambien crean, acepten y sean salvos.

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