Monday, April 2, 2012

LA IGLESIA Y LOS DIEZMOS

Los clubes sociales, deportivos y culturales tienen estatutos que hacen su forma de gobierno. La gran mayoría de ellos tienen una cuota establecida que se convierte en requisito para mantener la membresía. Sería muy osado aquel que se inscribe a uno de esos clubes y al tiempo comienza a hacer una campaña desleal contradiciendo esos estatutos que llevan años de establecidos.

Lo normal fuera que las personas examinasen la forma de gobierno de esos clubes y si no les conviene no hacerse miembros, buscar uno que tenga mejores facilidades para ellos.

Las iglesias evangélicas como instituciones que operan en la tierra tienen sus estatutos, tienen su junta de ancianos y de  diáconos que son los que componen el gobierno de dicha congregación. Ellos se encargan de mantener la integridad de lo que esa congregación asume como su modelo de funcionamiento, sistema de trabajo y forma de gobierno.

Las iglesias evangélicas no hacen rifas, no hacen bailes benéficos, no cobran una cuota por bautismos ni bodas, ni otros servicios religiosos. La única forma de mantener la iglesia evangélica es através de los Diezmos y las ofrendas y este es un derecho que le debe ser respetado. Si alguien tiene problema con eso lo que debe hacer es no hacerse miembro.

Cuando una persona se convierte en esa congregación se le enseña el ABC del evangelio y cuando está lo suficientemente capacitado para entender el tema de ofrendas y Diezmos se le enseña. Por lo regular el creyente que ha nacido de nuevo y que ha tenido un arrepentimiento genuino no tiene ningun problema con aceptar estas enseñanzas. Uno de los ejemplos mas fehaciente de esto lo encontramos en la vida de Nicodemo. A Nicodemo lo podemos encontrar después de haber nacido de nuevo colaborando monetariamente con la sepultura de Jesús. (19:39 También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras).

El problema con la forma de gobierno de una iglesia por lo regular lo encuentra gente que en algun momento se han sentido  defraudados porque quizás han querido ver algun tipo de cambios en esa forma de gobierno de la iglesia que les beneficie a ellos.

Otros viven pendiente de la vida de aquellos pastores y ministros que han sido financieramente prosperados y se convierten en jueces de ellos y si pudieran los condenarían.

Es cierto que el contribuyente merece estar informado de lo que se hace con sus contribuciones y para eso están  abiertas las puertas de las oficinas del departamento de tesorería,  para aclarar cualquier inquietud que tengan los miembros en buena comunión, que cumplen con sus responsabilidades, que son colaboradores de la obra.

Estas puertas no pueden estar abiertas a reaccionarios que van de un lado a otro buscando un lugar que satifasga su curiosidad, que respalde sus inventos,  gente que desconoce los malos tiempos por los que ha pasado esa congregación o ese pastor o ministro a cargo del ministerio,  porque entonces la iglesia como institución que opera en la tierra se vuelve un desastre.

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