Tuesday, April 24, 2012

LA JUSTICIA NUESTRA.

"Debiera aparecer una mano del cielo que le caiga encima y lo deje allí congelado", fue la expresión de un amigo del Evangelio cuando vio la condición en que los vándalos dejaron el letrero de nuestra congregación pintado con graffiti.

Ese no es solamente el decir sinó tambien el sentir de muchos creyentes frente a las injusticias de la vida. Queremos utilizar nuestra medida para corregir a los que mal hacen en este mundo lleno de maldad.

No acabamos de entender que Dios no nos permitió ese trabajo, porque en el proceso de arrancar la zizaña podemos echar a perder el trigo, porque no tenemos la capacidad de distinguir entre una y la otra.

Pero más importante Dios no nos cedió la tarea de corregir a los demás porque no estamos en capacidad de hacerlo, porque al corregir a otros utilizando nuestra justicia jamás vamos a lograr un justo juicio. Porque nuestra justicia es como trapo de inmundicia delante de los ojos de Dios. Isaias 64:6

El apóstol Pablo, apóstol de los gentiles abre su carta a los Romanos diciendo: "Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.

En el capitulo 9:28 dice: porque el Señor ejecutará su sentencia sobre la tierra en justicia y con prontitud.

Y en Romanos 12:9 dice; Amados, no os venguéis vosotros mismos, antes, dad lugar a la ira; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.

Queremos que Dios se encargue del que roba millones, mientras nosotros robamos un caramelo de un supermercado. Queremos que la mano de Dios caiga sobre los que hacen maldad, pero muchos vivimos a veces con el corazón lleno de falta de perdón.

Hay quienes viven una vida de adulterio andando con la mujer o el hombre que no le pertenece, pero quiere que la mano de Dios caiga sobre alguien que hace algo desagradable antes sus ojos.




Lucas 13:4  "aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén?  Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente."

Esa es la justicia del hombre, una justicia basada en la ira, pero la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Santiago 1:20

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