Hay dos etapas de aprendizaje en la vida del ser
humano que se pueden comparar entre sí y que sin lugar a dudas son las más
peligrosas en toda su vida.
La primera de ellas es aquella en la que de niño
comienza a explorar y a desafiar el mundo a su alrededor. Un mundo compuestro
de obstáculos muy peligrosos como son: un objeto pequeño en el piso que se echa
a la boca y se expone a la asfixia, un trocito de veneno para los ratones, una olla hirviendo sobre la estufa, una
botella de químicos en el gabinete debajo del fregadero. Peligro de pararse sobre sus propios
pies y caerse, penetrar en el
receptáculo de corriente una llave que encuentra mal puesta, apretar el gatillo de un rifle de cazería que su
padre deja mal puesto y así susesivamente, los peligros son inumerables
dependiendo del ambiente donde se estará criando.
La segunda es la más peligrosa de todas porque
pone en peligro no sólo su propia vida, sinó tambien la de otros; y no son peligros ligeros, sinó peligros inminentes de muerte. Esta es la época cuando cumple 16
años y le entregan un carnet de aprendizaje para manejar un arma de destrucción
masiva llamada automóbil.
Al igual que el niño inocente, éste desconoce,
ignora y hasta desafía los grandes peligros que encierran colocarse detrás del
volante de un vehículo. Al igual que el niño comienza a sentir satisfación
mientras juega con el peligro. Ignora como el niño inocente que al
violentar su capacidad de análisis,
capacidad de juicio y más importante, cuando en pleno desafío de su capacidad de caminar se manda a
correr, es un suicidio en potencia.
Un diente roto, una punta de lapiz clavada en la
piel, un corrientazo, una lata de "spray" rociada en la cara, un
golpetazo en la cabeza son parte del crecimiento del niño.
Una muerte trágica es el resultado del aprendizaje
de un joven que no oye el consejo, que no sigue la disciplina de sus padres,
que no teme a las autoridades, que ignora deliberadamente los peligros del
aprendizaje detrás del volante.

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