Monday, February 13, 2012

SUELTA EL TIMON!

Nadie puede reclamar que ama a Dios más que lo hacía un joven judío,  hijo de padre griego llamado Saulo de Tarso. Saulo era celoso de la ley, a tal punto que emprendió el camino de la muerte contra aquellos que  consideraba enemigos de la ley. Saulo se había anotado una victoria cuando mató a "un hereje", segun él, habían matado a un joven cristiano llamado Esteban y echaron las ropas del joven a los pies de Saulo.

Hay gente que alega amar a Dios con la misma intensidad con la que lo amaba Saulo de Tarso,  sin embargo no son capaces de entregar el timón de sus vidas a Dios, para que sea Dios quien dirija ese amor y esos celos por El.

Saulo estaba en control de sus acciones, tenía una carrera ascendente en El Sanedrin, había sido enseñado por Gamaliel, un de los más reconocidos maestros de la ley de su época. En su mente no cabía la más remota posibilidad de entregar a nadie ese control de su vida, de su carrera religiosa.

Qué dificil se hace hacernos a un lado y entregar el control a alguien que conoce el camino, alguien que ya lo transitó.  En esta sociedad en la que la mayoría de nosotros andamos por la vida asumiendo que estamos siempre en lo correcto, básicamente en todo.

Saulo cabargaba hacia Damasco donde se reuní un grupo de cristianos a los que los principales Judíos y Sacerdotes catalogaban de herejes. En el camino  el Señor Jesús tuvo que utilizar una medida drástica ( "y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí." 1ra Corintios15:8) para quitarle el timón de las manos a este terco joven.

Saulo cae de su cabargadura al suelo y si alguien alguna vez ha visto a un dignatario tropezar y caer al suelo y tener que ser levantado y llevado por los brazos, entenderá la humillación por la que este joven estaba ahora pasando. El fuerte, el perseguidor, el lider, ahora se encuentra preguntando con mucha solicitud lo que debe de hacer. Hasta hace poco dictaba lo que se iba a hacer, ahora pregunta y el Señor le da las indicaciones.

Ahora está siendo llevado del brazo por dos de sus sirvientes a donde un hombre llamado Ananías, uno de los mismos que el perseguía. Ananías, sin escuela, sin títulos le iba a decir lo que tenía que hacer.

Para alcanzar la grandeza que alcanzó este joven quien llegó a ser el más grande de los apóstoles de Jesucristo, es necesario soltar el timón de nuestro camino y no de forma sugestiva, sinó real.

Jesús no te va a rodear de una luz que te deje ciego para que otro venga y te lleve donde Ananías, eres tú quien tienes que tomar la desición, soltar el timón de tu vida y venir a la iglesia donde  "él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo. 


Ya no seas terco como Saulo y suelta de una vez y por todas el timón de tu vida a Dios, deja que se te diga lo que tienes que hacer.

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