EL ARTE DE EMBELLECER
La República Dominicana es sin duda alguna, uno de los países que más embellecedoras ha producido através de todos los tiempos.
Se podría decir que es una cantera de producción de mujeres dedicadas a este oficio, que más que un oficio es un arte, “El Arte de Embellecer”.
En todas las grandes metrópolis de los Estados Unidos donde se concentra un número de dominicanos, se puede presenciar la abundancia de salones de belleza dominicanos.
En el condado de Broward, por ejemplo, donde nos toca hacer vida, en el area que comprenden las ciudades trillizas: Hollywood, Miramar y Pembroke Pines, en un radio de unas 5 millas cuadradas (de la Park Road al este de Hollywood hasta la Palm Av al este de Pembroke Pines y desde la Miramar Parkway hasta Griffin Road) se puede contar unos 37 salones de belleza de propiedad dominicana.
Independientemente de que nuestra gente es de caracter emprendedor, podríamos señalar como razón principal el hecho de que el dominicano es una de las razas que más empeño pone en su apariencia personal. Lucir bien para el dominicano es casi una religión.
La apariencia personal para el dominicano rompe con todos los esquemas, de manera tal que es el único país del mundo donde el “indio” y “el jabao” son colores de la piel.
Donde hay “pelo bueno y pelo malo”, donde una cabellera maltratada es “un pajón”.
La nuestra es una raza mestiza, a la que los indios que habitaron la isla, los colonizadores españoles y los negros africanos que llegaron allí como esclavos de los españoles, sin dejar atrás nuestros vecinos cercanos los haitianos, han hecho su aporte a lo que es la complexión de la piel, la distribución corporal y el tipo de pelo.
Desde muy temprana edad las niñas dominicanas se les asignaba la tarea de “desenredar”, a base de vaselina el pelo de sus hermanitas menores, mientras la madre preparaba el chocolate para el desayuno.
Lavar cabezas los fines de semana, hacer el desrizado, pasar el peine, “la plancha”, la tenaza, “hacer tubi”, rolos, sacar ejas, aplicar colorete, los “pinchos” las redesillas, “las gomitas”. El olor a “rinse”, “champú”, desrizado, humo con fragancia de cabello,
son parte del lenguaje cotidiano en los pueblos dominicanos.
La tarea de embellecer era intercambiada entre las jóvenes de los pueblos, una “arregla” a la otra y así se desarrolla la destreza de la mujer dominicana en el arte de la cosmetología, a tal medida que esto despierta el interés de muchas de esas jóvenes de irse a la escuela a estudiar belleza.
Cuando una mujer se destaca o sobresale su destreza en el área de la belleza a esto se le conoce como: “Tener buenas manos”, y detrás de esa “buena mano” vienen repetidas veces mujeres de todos los lugares para ser “arregladas”, muchas veces debajo de un árbol o en una terraza, equipada con una que otra herramienta del oficio.
Percactados de esa realidad de la mujer dominicana fué que en el año 1969 se estableció en el país la academia norteamericana de belleza Miss Key, la cual ha estado preparando y graduando en el área de cosmetología, miles de mujeres cada año.
Tambien aquellas que salieron del país y se establecieron en la ciudad de New York, siguiendo esa tradición, encontraron academias de belleza como la Wilfred Academy en la parte baja de Manhattan y la Washington Hights en la parte alta, desde donde han salido reconocidas embellecedoras dominicanas.
A este número de mujeres que habiendo obtenido su diploma y establecido sus salones de belleza, o simplemente como empleadas de alguno, se les une aquellas que obtuvieron su diploma y nunca ejercieron la carrera y otras tantas que de forma muy discreta ejercen el oficio desde sus propias casas, atrayendo amistades de confianza y familiares.
Ya sea establecidas en sus propios negocios, como empleadas privadas o simplemente “arreglando” amistades desde el hogar, la dominicana tiene un iman que atrae no solo mujeres dominicanas sinó tambien muchas mujeres de otras nacionalidades que prefieren las manos mágicas de una experta en belleza dominicana.

No comments:
Post a Comment