Desde que el mundo es mundo dirán algunos, ha existido el peligro. Esta es una verdad a media.
Para nadie es secreto que los peligros que acechan a la humanidad hoy se han incrementado de manera asombrosa. Los casos más insólitos de actos criminales los estamos presenciando con nuestros propios ojos y nos tocan cada día más de cerca.
La casa que debe ser nuestro refugio de protección se ve invadida por el vandalismo, las entidades gubernamentales que están puestas para proteger al ciudadano han colapzado en el intento. El sistema judicial ha perdido el control, dejando a interperie al ciudadano común.
Ante esta ola de desaciertos que rodea nuestro diario vivir es importante y hasta se hace imprescindible buscar refugio en una fuerza mayor que la que controla el sistema de este mundo.
Ese refugio lo podemos encontrar con tan solo mudarnos debajo del abrigo del Altísimo, (El Elohim) sólo allí podemos morar bajo la sombra del Omnipotente (El que todo lo puede).
Qué significa habitar bajo el abrigo del altísimo? No nos pertenece esta habitación automáticamente por ser hijos de Dios? Lamentablemente la respuesta a esta pregunta retórica es, NO.
En su soberanía el Altísimo no obliga a ningun ser humano a venir bajo la sombra. Es elección personal de cada cuál informarse sobre los términos de esa habitación.
Abrir la Biblia en el Salmo 91 donde se encuentran estos beneficios no hace al individuo merecedor, ni mucho menos recipiente de estos beneficios. La protección contra las plagas que azotan a nuestra sociedad sólo se obtiene cuando el individuo dá el primer paso y se muda bajo la sombra.
No hay dudas que fuimos creados con ese lugar reservado debajo de ese Abrigo, sin embargo ese espacio fue seriamente comprometido allá en el huerto del Eden y es imprescindible un acto de redención para recuperarlo. El solo hecho de ser criatura de Dios no garantiza ese lugar, hay que volver a nacer. Juan 3:3. El que no nace de nuevo no puede ver (habitar, vivir, compartir) el reino de Dios.
El verso dos de este Salmo revela que para habitar debajo del abrigo del Altísimo debe haber una relación estrecha con Dios. "Diré yo a Jehová: esperanza mía y castillo mío, mi Dios en quien confiaré". Estas son declaraciones que se dirigen a alguien con quien se tiene una intimidad.
Sería ilógico que uno pueda recitar y saber lo que encierra: Diré yo al presidente de la nación: "Tu eres mi esperanza y mi protector". ¿Quién podría decir esto sinó alguien de su círculo más cercano?
¿Bastaría con saber o creer que él es la máxima autoridad y que está puesto para proteger los intereses del ciudadano para recibir los resultados directos de su función?... En ninguna manera.
Los versos del tres al seis del Salmo encierran la promesa de librarnos de los peligros que se salen de nuestro control, peligros que acechan y llegan aunque tu no los salgas a buscar.
Este tipo de peligro crece cada día, en la medida que crecen los daños que el hombre hace a la naturaleza y la desintegración moral.
"El Lazo del casador": un accidente automobilístico mientras te diriges al trabajo, un atraco, un borracho que pasa un semaforo en rojo y te alcanza con su vehiculo, una bala perdida.
"La peste destructora": El aire que respiramos, los alimentos contaminados que ingerimos, incendio, huracan.
El verso siete y ocho habla de peligros a que de forma consciente o inconsciente nos exponemos, cuando con nuestra conducta y nuestra manera de vivir vamos ganando enemigos por la tierra: Guerras, pleitos, ajuste de cuentas.
Si deseas vivir con tranquilidad y sin miedo a los peligros que a diario acechan, solo debes dar un paso y colocarte debajo del Abrigo del Altísimo.

No comments:
Post a Comment