Desde que tenemos uso de razón hemos estado mirando como los hijos de los pastores, se han convertido através de todos los tiempos en el blanco de la sociedad que le rodea, aun cuandosabemos que clínicamente hablando estan hechos del mismo material, la misma carne y sangre que están hechos los hijos de las demás parejas. Tienen las mismas debilidades, están sujetos a las mismas pasiones.
Aunque esta practica no se limita a los hijos de los ministros, sinó tambien los hijos del creyente común. Recuerdo cuando niño que cuando hacía falta buscar un culpable de una piedra que cayó en el techo de un vecino, una "empalizá" que se desrrumbaba mientras los niños trataban de brincar buscando su pelota que se fue al patio de un vecino o cualquier otra travesura, a los primeros que encontraban era a "los hijos de Inés, la convertía".
Pero es con los hijos de los pastores que el enemigo de la justicia tiene un interés personal.
Las razones son obvias, destruyendo a los hijos, destruye un hogar y destruyendo hogares, se destruyen las congregaciones. Satanás vino a eso, a robar, matar y destruír. Lo que están ya destruídos por los vicios, las drogas, la prostitución y la maldad, el enemigo no tiene ningun interés.
Es a los hijos de los pastores que él necesita destruír, por eso hizo estragos en la primera pareja que Dios creó, destruyendo a los hijos, y através de toda la historia biblica podemos ver casos como el de los hijos del sacerdote Elí, los hijos de Job, los hijos del rey David y así susesivamente. Todos estos se convirtieron en el blanco del enemigo de la justicia.
Las recomendaciones de Pablo a Tito sobre el ministro que debe gobernar bien su casa, para poder gobernar la iglesia, se refiere a saber instruír a los hijos desde pequeños y enseñarles el camino recto, disciplinarlos y corregirlos durante la edad del crecimiento. El padre no debe obviar esta responsabilidad, mientras los niños van creciendo.
Una vez han llegado a la mayoría de edad tienen suficiente información y formación para elegir lo bueno, sin embargo no siempre este es el caso y cuando no es el caso, los padres han librado su responsabilidad ante Dios y la sociedad.
El error de los que adversan al ministro de Dios es echarle en cara la conducta que sus hijos al llegar a la mayoría de edad han adoptado, cuando han desidido hacer sus vidas y establecer como norma todo lo contrario a lo que vieron y aprendieron en sus casas.
¿Qué culpa tiene un ministro que se tomó el tiempo y la dedicación para subir sus hijos en el temor de Dios? Es obvio que Cain y Abel aprendieron de sus padres a traer ofrendas a Dios, es obvio que Job disciplinaba e instruía a sus hijos en el temor de Dios, de hecho Job iba más lejos, ofrecía los sacrificios que exigía la ley como una forma preventiva, en el caso de que sus hijos fallaran a las enseñanzas.
El padre tiene una responsabilidad de enseñar a los hijos el camino correcto, los hijos toman la desisción cuando llegan a adultos, a partir de ahí ya es asunto de negociaciones y sobretodo de mucha oración e intersección para que Dios los guarde del mal.
Por supuesto todos deseamos que nuestros hijos sigan nuestros pasos, especialmente cuando hemos andado en integridad delante de Dios, sin embargo no podemos bajo ninguna circunstancia establecer en ellos nuestro deseo. Tampoco debemos entregárselos al enemigo por el hecho de que una vez han crecido, ellos no se sujeten a nuestros deseos, lo único que nos resta es abrazarnos a la promesa.

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