Monday, August 13, 2012

TU BENDICION NO VIENE DE AQUELLOS A QUIENES BENDICE.


En conversación con un amigo aspirante a la Comisión de la ciudad de Hollywood, me hablaba de la actitud indiferente que muestra un sector de la comunidad ante una causa que es para todos y dice: "Lo que pasa es que vivimos esperando que los otros sean como nosostros".

 Sé perfectamente a lo que se refería porque a él le vi entragarse en alma y cuerpo a la causa de otro paisano cuando le tocó salir en busca de la voluntad popular.

Lo que me llama la atención de su pronunciamiento y que no me había detenido a meditar es la parte de "esperar que los otros actúen en consecuencia con nosotros, de la forma que nosotros hemos actuado.

Me viene a la mente uno de los anecdotas que utilizaban los predicadores de los años setenta para decorar su sermón y me transporté a Monte Calvario,  mi primera iglesia cuando llegué a Nueva York  donde un predicador decía que él se quejaba con Dios ante la actitud de indiferencia e ingratitud que mostraban personas a las que él amaba y velaba por ellos.
El hermano cuenta que tuvo un sueño, en su sueño él vió una manguera del jardín conectada al grifo (la llave) y comenzó a buscar el otro extremo de la manguera que era bastante larga y cuando llegó al otro extremó miró que en lugar de un rociador, la manguera estaba conectada a otro grifo y de repente comenzó a mirar como la manguera se inflaba hasta estallar.

Su moraleja: Tu bendición no viene de parte de aquellos a quienes tu bendices.

Ahí es donde estriba nuestro problema, nos quejamos porque somos generosos, colaboradores, diligentes, siempre dispuestos, amistosos y vivimos pendiente de la gente que amamos y aquellos a quienes admiramos.

Estamos pendiente de amistades, familiares y relacionados, nos preocupa su situación, queremos saber que están bien. Anhelamos podernos encontrar y abrazarlos y saludarlos y darles la mano, compartir, suspiramos por su amistad,  para entonces descubrir que las actitudes de los otros sugieren todo lo contrario.

No deja de entristecer, pero debemos entender que los otros no tienen por qué ser como nosotros y que las bendiciones no vienen de aquellos a quiene tu bendices.

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