Al igual que otros latinoamericanos, el Boricua tiene su forma peculiar de decirle a las cosas y con esa forma muy puertorriqueña que los identifica, escuché a un hermano decir una verdad espiritual muy profunda: "Se metieron en un problema poniendo a un sembrador a hablar de dar", dijo. (hágase de cuenta que lo está escuchando en su acento boricua).
Esta frase me llegó muy profundo al corazón, porque dice un viejo adagio: "las palabras se toman por quien las dice" y es ahí donde sabemos a ciencia cierta que estriba el problema de hablar de dar. Nadie tiene más autoridad para hablar de dar que alguien que ha aprendido esa virtud, ese don que viene del cielo. Cuando hablamos de dar sabiendo que nosotros mismos no damos, estamos no sólo comiendo sinó sembrando juicio.
Hoy en día todo el mundo habla de dar y se habla tanto de dar que en lugar de lograr que la gente aprenda el principio lo que se logra es que se desaten polémicas en torno al tema, polémicas que afectan el funcionamiento de las congregaciones aqui en la tierra. Muchas iglesias languidecen y otras desaparecen porque se ha saturado a la gente del tema de dar y muy poco se le ha enseñado lo básico de la doctrina del evangelio.
Se está hablando de dar sin advertir lo que el tema pueda despertar en el que escucha. Se le está hablando de dar a gente que no ha nacido de nuevo, gente que no ha sido evangelizada, que no ha sido doctrinada en el ABC del evangelio de Jesucristo, se les habla de dar para que Dios se lo multiplique, se le habla de dar para que sus graneros sean ensanchados, para que Dios le traiga a su esposo o su esposa convertidos a la iglesia, su hijo o su hija, para que Dios le traiga un esposo y sabemos que sí, que Dios puede hacer todo eso si le somos fiel, pero esa no debe ser la chispa que encienda el motor de arranque, esa no debe ser la razón de fondo para dar.
Hablarle estos términos a gente que ha nacido de nuevo, que ha sido doctrinada, que sabe que su salvación no depende de lo que da o deje de dar, está bien, pero cuando lo escucha el que no ha nacido de nuevo, esto despierta dudas, las dudas polémicas y las polémicas juicio.
Cuando se habla de dar delante de gente que no puede discernirlo, porque al igual que toda palabra de Dios ha de discernirse espiritualmente, se toma el riesgo de que el oyente coma juicio. Esto fue precisamente lo que le pasó a aquel ayudante del rey de Samaria en los tiempos de Eliseo durante la hambruna en la que se estaban comiendo uno con otro que Eliseo habló de una abundancia que había de venir y este incrédulo murió pisoteado por poner en tela de juicio la palabra de Dios dada por el profeta. Así hay muchos comiendo juicio porque se ha hablado de dar delante de ellos, sin antes haberles enseñado que la salvación de su alma es lo primordial y que esta viene por gracia.
Hablar de dar es imprescindible, es más no sólo hay que hablar de dar, hay que enseñar al pueblo de Dios a dar, porque hay un principio espiritual que nos enseña que dando es como se recibe, si no se se le enseña al pueblo a dar , no se le está enseñando a recibir.
Hablar de dar en la congregación de los santos que ya entiende el concepto de nuestras ofrendas, que entienden que las ofrendas y los diezmos son una forma simbólica de decirle a Dios: de lo mucho que me has dado, te traigo esta ofrenda, decirle: te traigo del fruto de mi sudor porque entiendo que dependo de ti, debiera ser tan simple como explicarles las necesidades básicas de la congregación, debiera ser tan sencillo como hacerle un llamado a ver lo que hace falta en la congregación y recordarles que esa responsabilidad de suplir para las necesidades de la congregación no cae sobre el gobierno de la ciudad ni del estado. Que esa responsabilidad de proveer no es asunto de los impíos que no conocen a Dios, no es responsabilidad de una organización caritativa estatal o federal.
Suplir para las necesidades de la congregación es la responsabilidad de los fieles que en ella se congregan, en ellas reciben el alimento espiritual, en ella sus hijos son educados y formados en la palabra para salir a hacerle frente a una sociedad podrida.
Hablar de dar debiera ser tan sencillo como eso y entenderlo es asunto de haber nacido de nuevo. El que ha nacido de nuevo no necesita que lo lleven a la traducción del griego del verbo dar, no necesita que lo convenzan de que los diezmos son de la gracia o de la ley. Para entender el principio de dar hay que haber nacido de nuevo. Si como el joven rico te entristeces cuando escuchas hablar de dar es porque como él no te ha nacido la luz del evangelio.

No comments:
Post a Comment