Uno de los elementos que conforman la personalidad es el carácter, que es el mismo temperamento guiado por la inteligencia y la voluntad. Este temperatamento puede ser modificado por medio del trabajo personal.
El caracter se forma en función de una serie de sentimientos que se van alojando en lo íntimo del corazón o lo que se denomina como el asiento de las emociones humanas: el alma, pero como lo explica la definición el individuo tiene la capacidad de modificarlo.
Aunque en el umbral de su carrera Pablo dijo que no pretendía haberlo alcanzado todo, sin embargo le da este consejo a los Efesios; "Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe, y del conocimiento del Hijo de Dios; a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Efesios 4:13
La palabra perfecto corresponde a “Teleios" y se traduce como: un crecimiento completo en el carácter moral, mental; una edad completa, un hombre perfecto , maduro.
De esta manera tenemos que comprender que la entereza del caracter del crisitano es un requisito para agradar a Dios y que esta entereza se puede ver con facilidad, muy seriamente comprometida.
El caracter o la integridad del hombre se puede comparar con el disco duro de una computadora el cual se va llenando de fragmentaciones que producen espacios vacíos y eventualmente producen lentitud en el procesamiento de las informaciones.
Sólo habría que ver la gráfica de un disco duro fragmentado y en proceso de lo que se llama la defragmentación (Defrag) en inglés. Así mismo luce el disco duro del creyente que es el caracter que lo forma, si se permite la acumulación de fragmentaciones diminutas que casi no se ven, pero que con el tiempo se convierten en espacios vacíos y nos impiden procesar y comprender lo que es de agrado y lo que no agrada a nuestro Dios.
Es debido a estas fragmentaciones que encontramos en nuestros días personas que no ven lo malo que contienen sus acciones, aún cuando estas están claramente visible si se examinan a la luz de las Sagradas Escrituras, pero a ellos no les parece malo. Su caracter ha sido fragmentado y lo que estaba supuesto a guiarlo en toda justicia no es más que un espacio vacío en su interior.
La sociedad en que vivimos ha cambiado deliberadamente la percepción de lo que es malo y lo que es bueno. El apóstol Pablo nos habla de esto cuando dijo "Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen." Romanos 1:28.
Y de la misma forma está profetizado en Isaías 5:20 ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!
Definitivamente que para poder agradar a Dios es necesario que el creyente sea de un caracter entero y es imprescindible entender que no son sólo los pecados mayores como el robar, matar, adulterar, ni tampoco son las faltas que producen los deseos de la carne como son el fumar, tomar licor, emborracharse, lo que fragmentan el caracter.
Hay cositas pequeñísimas que afean el caracter del creyente: Las griterías, las malas palabras, sentimientos oscuros hacia el prójimo, la irresponsabilidad, aun involuntaria, la negligencia, la soberbia, el engaño, la mentira, falta de perdón, el orgullo, la vanidad, todas esas son ranuras diminutas que solamente Dios puede ver. Estas se van acumulando y van fragmentando hasta producir un inmenso crater en el caracter el cual deja de ser entero.
El sabio Salomón las denominó: “zorras pequeñas, que echan a perder las viñas. Cantares 2:15 y David su padre les llamó "errores ocultos" Salmos 19:12.
La buena noticia es que de la misma forma podemos someter el disco duro de nuestro computador a ese proceso de defragmentación para lograr que camine más rápido y efectivo, de igual forma podemos someter nuestro caracter personal a ese proceso, si tenemos en cuenta la definición de lo que es el caracter y cómo puede ser modificado.
La historia biblica no puede registrar hombre más resabioso que Simón, quien vino a ser el humilde apóstol Pedro. Saulo de Tarso era soberbio, terco (dura cosa te es dar coces contra el aguijón) y viene a ser el apóstol Pablo que nos habla de perseguir la entereza en Romano 1:28.

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