Si saliésemos a preguntar sin dudas vamos a encontrar que la mayoría opina que lo más importante para mantener una buena relación es el amor.
Esta aseveración pudiera ser cierta a no ser por las malas interpretaciones que comunmente se le da al amor. Si no fuera así no escucháramos frases como "La maté porque la amaba".
Entonces si estamos claro en esto es prudente decir que lo más importante para sostener una relación estable es la comunicación, especialmente cuando hemos tomado la desición de brindar el verdadero amor.
Mucho se ha oído hablar de aprender a escuchar, sin embargo casi nadie se ha detenido a analizar la importancia de aprender a oír. Se escucha lo que se plantéa por primera vez, se oye lo que se habla repetidas veces, después de haber creído que se había llegado a un acuerdo sobre el tema.
Una buena comunicación, siempre se ha dicho implica aprender a escuchar, aprender a hablar, ambas son ciertísimas, sin embargo hay un elemento que se hace tan importante como estos dos y es aprender a oir, muy específicamente entre las parejas que van en camino al envejecimiento.
Saber oir es una virtud que garantiza un mejor funcionamiento en la relación de parejas ya que cuando se aprende a oir las cosas que se hablan a diario y que sabemos a ciencia cierta que no son pronunciamientos que vienen del corazón, sinó que forman parte de las conversaciones repetitivas, de cosas que se dicen pero que en realidad no se sienten, cosas que pertenecen a un vocabulario que ha quedado gravado en el almacen del cerebro y que no ha sido renovado.
Aprender a oír es saber identificar el momento apropiado para responder a un reclamo que consideramos no apropiado.
Asuntos que se pensaba había sido discutido y se había llegado a un entendimiento de repente sale a relucir en una conversación y si el interlocutor no ha aprendido a oir y desechar, se convierte en la chispa que desata otra discusión innecesaria.
Tenemos entendido que las parejas deben hacer un esfuerzo y pedirle a Dios que cambie el vocabulario antíguo por uno nuevo para que al abrir la boca no salgan frases hirientes, sin embargo es responsabilidad del que oye, para bien del buen funcionamiento aprender a oir sin dejar que esas frases le inquieten. Difícil cuando se tiene la razón renunciar al derecho a réplica, pero si se compara con el beneficio, se logra.
En este ejercicio de aprender a oir si la meta final es la estabilidad de la pareja se debe hacer con la guianza del Espíritu Santo, el cual está puesto para guiarnos a toda justicia. Si se hace en una actitud negativa, tratando al otro como un loco, aplicándole el principio erróneo de "palabras necias, oídos sordos", esto trae más desgracia a la relación.
El ejercicio de oir y desechar se debe hacer en el orden de Dios y cuando los términos que nos parecen hirientes son de un asunto ya tratado y que se creía resuelto, hacerle saber al otro que no vas a responder por el bien de la comunicación, para no convertir la conversación en una discusión.

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