En nuestro país se ha escuchado tanto la palabra corrupción que ya es tan nuestra como el merengue, la bandera o el arroz con habichuelas, es tan común, que en el fondo la mayoría de los dominicanos desconocemos su real significado por lo que muchos empezamos a dudar si es bueno o malo ser corrupto.
Vemos a diario personas que con sueldos que apenas les alcanzaría para vivir, andar en vehículos de lujo, mansiones, un conjunto de excentricidades y excesos que solo se justificarían si el dinero lo consiguieron de una manera poco sacrificada, con la lamentable salvedad de que el resto de la población en vez de condenarla, sueña con alguna vez estar en su lugar.

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