Monday, March 26, 2012

PA ` QUE DIGAN QUE AQUÍ MURIÓ, QUE DIGAN QUE AQUÍ HUYÓ

 En el estado de la Florida se debate el tema que ha desatado una protesta nacional, el asesinato de un jovencito de la raza negra a quien su victimario reclama  haber matado en defensa propia.

El caso ha dejado más interrogantes que respuesta, ya que no existen testigos oculares del caso, sólo la versión del hombre que le mató, algunas versiones encontradas de vecinos que escucharon la argarabía, la grabación dela  llamada al 911 de la policía y el reporte policíaco, los cuales todos sugieren que hubo un altercado previo a la muerte del joven.

En la República Dominicana aparece esta semana la noticia de un hombre que fué muerto de un balazo por un joven a quien el occiso le había propinado "una galleta" (bofetada).

En el caso del joven afroamericano de la Florida las invstigaciones de lugar han encontrado que este jovencito del área de Miami se encontraba en La Florida Central enviado allí a su padre porque había sido suspendido de la escuela por una aparente poseción de marihuana en el plantel escolar.

En el caso del joven dominicano que mató al que le había propinado la bofetada se le encontró una lista de antecedentes criminales. En ambos casos no se justifica la muerte ni de uno, ni del otro, sin embargo hay una enseñanza que debe quedar bien clara: El espíritu de soberbia y de guapeza no lleva a nadie a ningun otro sitio que no sea la muerte.

Había una época en la que al hombre guapo había que respetarlo, ya no; esos tiempos cambiaron. Ya no se puede ser muy guapo porque vivimos en una época en la que un arma de fuego se consigue muy fácil y la gente parece encontrar mayor facilidad para usarla que para obtenerla.

El caso de la Florida está candente porque la comunidad afroamericana exige justicia y muy probablemente la consigan, sin embargo mientras se aclara el caso, se perdió una vida joven que nunca debió ser.

Vivimos en una era peligrosa en la que se ha perdido el respeto a la vida misma y el temor a nada,  por lo que el que ama la suya tiene que ser sabio y cuidarla.

Desafiar gente, propinar bofetadas, amenazar, proferir improperios contra otro es una clara invitación a una confrontación en la que no hay ganadores, por muy guapo que se crea uno, si el otro tiene acceso a un arma y no tiene ningun tipo de respeto por la vida humana lo que hay es una exponencia a una fatalidad.

Los pleitos en la carretera, hacer señales de amenazas desde un vehículo a otro vehículo en movimiento, discusiones por un estacionamiento, discusiones en una discoteca, tienen que detenerse.

La gente necesita aprender a controlar sus pasiones y sus temperamentos. No se puede poner a pruebas la capacidad de razocinio del otro, no se puede asumir que el otro tiene el mismo temor y respeto por la vida, porque los casos que nos toca ver a diario en los medios de comunicación nos estan diciendo claramente que no es así.

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