Wednesday, March 28, 2012

AMO A DIOS... TENGO FE

Hay gente que tiene una fe tremenda y un amor a Dios que nadie los puede igualar. Tienen más fe que cualquiera que se levanta todos los días por la mañana a presentarse delante de Dios en oración y la lectura de su palabra. Aman a Dios mucho más que cualquiera que ha puesto a un lado su agenda personal y sus deseos carnales con tal de agradarle.

Tienen más fe que cualquiera que se pasa escudriñando la Biblia, que cualquiera que haya adoptado compromisos serios con una congregación, alguien que respalda una iglesia con sus oraciones, su asistencia a los cultos semanales, su aporte financiero a la obra de Dios y su preocupación por el crecimiento de dicha iglesia.

Hay gente que no está en nada de eso y sin embargo "aman a Dios sobre todas las cosas". "Tienen una fe tremenda", tan tremenda que lo reflejan através de los foros sociales y defienden su postura de fe con uña y diente.

El problema de la gente no es asunto de fe o de amar o no amar a Dios. Nadie que no se confiese ateo aceptará jamás que no ama a Dios, que no tiene fe. Todo el mundo le ama, todo el mundo tiene fe.

Su problema es un asunto de carater personal. Han permitido que su caracter rija sus vidas, que les dicte lo que van a hacer aun en contra de los deseos de su espiritu. El espiritu siempre está presto, pero la carne dominada por el caracter, no.

Ninguno de los discípulos, ni siquiera Jacobo y Juan quienes pidieron al Señor orar para que descendiera fuego del cielo sobre los incrédulos samaritanos que habían rechazado a Jesús, habían profesado una fe y un amor más profundos que el de Pedro.

Pedro amaba a Jesús, y estaba dispuesto a demostrarselo con palabras (aunque todos te dejaran Mateo 26:33) y con hechos (sacó su espada Mateo 26:51), sin embargo una vez el Señor había sido sepultado, su caracter endeble lo llevó de regreso a su agenda personal , lo llevó al lago de donde el Maestro lo había sacado para convertirlo en pescador de hombres. "A pescar voy" -dijo- (Juan 21:3) sabiendo que si él como cabecilla, como el de la fe y el amor por Dios desatendía el negocio del Señor, los otros le iban a seguir.

Olvidando su pasión a la que él llamaba amor la que lo llevó hasta el patio de Caifás, olvidando la fe que le hizo caminar sobre las aguas , tomó sus atarrayas, se quitó el manto se montó en un bote y "A pescar se ha dicho".

Así es que la humanidad dice amar a Dios sobre todas las cosas y tener una fe tremenda. Sin compromisos, sin que se les estorbe su agenda personal, bajo sus propios términos.

A Jacobo y a Juan el Señor le dijo: "Ustedes no saben de qué espíritu son". Amar a Dios sobre todas las cosas y tener una fe que mueve montañas para nada sirve si se ignora de qué espiritu somos.

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