Limpiar la imagen o la reputación personal no tiene nada que ver con el levantamiento de un creyente que ha caído. Esto muy bien lo sabía el rey David cuando cayó y se presentó delante de Dios para que lo levantara. Su gran preocupación no era qué iban a decir los israelitas cuando se enteraran, su preocupación era haber ofendido a Dios.
Desde su silicio David dice: "Contra ti, contra ti solo he pecado,Y he hecho lo malo delante de tus ojos;
David reconocía que solamente cuando Dios lo hubiera levantado y restablecido podía ir a "bregar" con el pueblo. Verso 13 del Salmo 51: "Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, Y los pecadores se convertirán a ti". Sólo entonces David podía ir y tañir su arpa, sólo entonces podía ir a ministrar al pueblo. No antes.
El problema mayor que encuentra el que cae hoy en día es que parece interesarle más su situación personal ante los demás, parece inquietarle más el qué diran, que interesarse por lo que Dios piensa y siente al respecto. Por eso hay tanto desorden en nuestra sociedad religiosa de hoy, porque han mal interpretado el principio del levantamiento.
El levantamiento de una persona está condicionado por un principio espiritual inquebrantable y se encuentra en Proverbios 28:13 y dice: "El que encubre sus pecados, no prosperará: Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.
Otro de los principios que condicionan el levantamiento de una persona que ha caído es levantarse donde ha caído. Existen dos razones lógicas para establecer este principio, primero cuando ha habido una caída se han afectado otras personas o grupos de personas a las cuales se debe restituír una vez se ha levantado el que cayó. En este sentido sería ilógico que una caída que causó llanto, dolor, verguenza en una comunidad, se vaya a levantar en otra sin haber enmendado o retribuído el mal que se causó.
Hay un pasaje biblico que si se aplica en el sentido espiritual nos podría dar un poco más de luz a lo que estamos hablando. En el 2do libro de reyes en el capitulo 6 nos narra la historia de uno de los hijos de los profetas que perdió un hacha la cual cayó al fondo de un río. Aquella pérdida era muy significativa para este hombre, pues era prestada y tenía que responder sobre la misma. Cuando acude al profeta Eliseo para que el profeta le ayudara con aquel problema, Eliseo le preguntó: "Dime en dónde cayó el hacha".
Una vez que el profeta pudo identificar con precisión en dónde había caído, buscó un palo, lo apuntó en esa dirección y el hacha caída flotó (se levantó).
La otra razón por la que el que cae debe levantarse donde ha caído es porque su lider, su pastor, su mentol o como se le quiera llamar, tiene una parte importante en ese levantamiento y de la misma manera que el hacha no se levantó sola sin la parte del profeta tampoco una persona se puede levantar sin la asistencia de un lider espiritual.
Como ese lider por muy consagrado que sea no tiene la capacidad de ver si el arrepentimiento ha sido sincero y el levantamiento genuino, no fingido, ni basado en otras motivaciones que no haya sido un profundo dolor de haber ofendido a Dios, es menester que el que se levanta refleje con sus acciones su interés de levantarse.
Es imprescindible que se aparte de todo lo que huela a aquello que le ocasinó la caída. David, cayó y se levantó y siguió siendo rey y aunque la espada nunca se separó de su hogar, David nunca, jamás se atrevió a sentarse en aquel balcón a mirar mujeres ajenas.

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