Wednesday, December 28, 2011

RESOLUCION DE NUEVO AÑO!

Junto con la brisa navideña, y el espiritu de celebración,  inevitablemente siempre llega a nuestro entorno un cúmulo de recogimiento espiritual, de sentimientos de bondad, un espiritu de reflexión. Es en esta época del año en la que se sensibilizan los corazones más endurecidos. Aun aquellos que no tienen en su agenda personal un día señalado para mirar al cielo, durante esta época navideña tornan su mirada al infinito, como queriendo compensar todo el tiempo que les pasó por encima sin deterse un segundo a reflexionar.

Al llegar el 31 de diciembre los templos de las diferentes denominaciones religiosas se ven abarrotados, la gente buscando la unificación familiar, buscando para el nuevo año la intervención divina para hacer frente a la situación que les presenta un mundo convulcionado. Se hacen resoluciones, se hacen promesas, se entrega casi sin reservas la dirección de nuestros senderos a Dios. Lo único malo de todo es que no bien termina el més de Enero cuando ya muchos le han quitado el timón de sus vidas a Dios. Al finalizar el mes de Enero se desesperan y comienzan a tomar de nuevo el control que el día 31 le entregaron a Dios.

Es sólo humano que la llegada de un nuevo año en un mundo inseguro, un mundo totalmente cambiado, produzca un sentido de inseguridad en la vida. En un mundo donde no hay seguridad para el ciudadano comun lo más natural es que llegue a la mente humana la interrogante ¿Qué nos depara este nuevo año? y en un sentimiento de impotencia se hagan estas resoluciones, se hagan estas propuestas de cambio en aquello que podemos cambiar y encomendarle a lo divino lo que se queda fuera de nuestro control.

El grave problema que muchos encuentran es que hacen sus reflexiones y sus resoluciones de año nuevo en el terreno del sentimentalismo. Con un corazón que ha venido siendo adobado por el escenario del niño que nació en un pesebre, rodeado de animales, los mensajes de paz, de armonía que nos llegan en todas formas.

En lugar de tomar resoluciones y hacer todo tipo de promesas de cambios para el beneficio propio y de los que nos rodean, lo que se debe hacer es tomar desiciones serias, basadas en las promesas escritas que Dios tiene para sus hijos.

Lo que va a suceder con nosotros no debe estar condicionado a esas resoluciones sentimentales que hicimos el día 31 de diciembre. Los creyentes tenemos la autoridad de la palabra para decretar lo que va a ser. Decirle al nuevo año lo que nos traiga, pero decirselo con el conocimiento de la palabra. El Señor Jesús le dijo a los discipulos: "En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte: ``Quítate y arrójate al mar, y no dude en su corazón, sino crea que lo que dice va a suceder, le será concedido."

El problema que enfrentamos es la mala interpretación que le damos a "ese monte". De nada nos valdrá pararnos frente a una montaña literal y decretarle que se mueva, por un asunto de sentimiento, para probar la fe o cualquier otro motivo, nos quedaremos desilusionados.

Pero si al llegar este nuevo año nos paramos frente al monte de la incertidumbre que gobierna la sociedad y que no nos permite ver con claridad lo que hay más allá de Enero, no podemos ver que va a ser de nuestras vidas al llegar Agosto, solo tenemos que agarrarnos de esa palabra y dedirle al monte que se mueva para que podamos ver con claridad lo que Dios hará por nosotros.

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