Wednesday, December 21, 2011

EL RUIDO EN MI VENTANA

La calle marcada con el numero 4 de mi barrio, no es una vía  principal,  es una simple calle de  una zona urbana que de acuerdo a los registros del ayuntamiento de Santiago debe estar registrada como zona residencial.

Pero el crecimiento de la poblacion del Ensanche Libertad, la falta de institucionalidad del país que le permite a la gente construír lo que quiera,  donde quiera, ha llenado el área de negocios que atraen todo tipo de personas. En una sociedad donde se ha perdido los valores morales, humanos y el respeto por los demás, convierten a nuestro barrio en una verdadera selva humana.

El crecimiento al que hacemos referencia se evidencia con el hecho de que muy pocas  casas quedan con un patio de area verde. En el area destinada para el patio, cada residencia cuenta con otra vivienda convirtiendo este barrio en un area superpoblada y para hacer las cosas mucho mas complicadas, en un perfecto desafio de todos los codigos de zonificacion, (si es que existe alguno) se ha levantado en cada esquina edificios de cuatro y cinco niveles.

Este crecimiento desproporcionado de la poblacion del Barrio ha convertido  una calle tranquila en una via tan transitada y bullosa como cualquier avenida del centro de la ciudad a la hora pico, con la diferencia de que esa hora pico  aqui no tiene fin.

Tanto las edificaciones en los patios de las casas como estos edificios multiniveles hacen de nuestro barrio un sitio inhóspito, por lo menos para aquellos que no estamos acostumbrados a tanto desorden.

Este ruido, todo este desorden que viola uno de los derechos mas elementales de un ciudadano comun, el derecho de vivir en paz en su propio hogar, no parece estar en la agenda de los que nos gobiernan, digo, de los que gobiernan a los que estan condenados a vivir allá, bajo tales condiciones, porque nosotros solo tenemos que soportar este salvajismo propio de un estado fallido, por un par de semanas.

Solamente la necesidad de traer el evangelio de Jesucristo a los necesitados, la necesidad de atender el llamado de Dios a trabajar con la niñez de mi barrio me lleva cada año de regreso a  mi barrio que tanto quiero.

Si fuera por pasear, definitivamente, no fuera este mi destino turístico ni de recreo.

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