Recientemente, la emisora cristiana Radio Luz que en el sur de la Florida ocupa el número 1360 Amplitud Modulada (AM) del receptor de sonidos, contrató a la locutora Elsie Mendez para que sea La Voz y La Imagen oficial de dicha emisora.
Para el oyente promedio, el que "prende la radio" para oir lo que hay, para que haya algo de ruido en su entorno y no volverse loco escuchando la soledad, para el que quiere oir música o enterarse de la noticia, esto quizás no signique mucho, sin embargo el que tiene ciertas nociones de la radiodifusión, sabe perfectamente lo que este nombramiento significa.
Para una emisora, que de por sí es un proyecto comercial de grandes proporciones elegir a una persona para que sea su Voz y su Imagen, como mínimo la persona tiene que reunir ciertos requisitos y haber trascendido en la profesión.
Este no es un nombramiento que se hace al azar ni se hace en el terreno de la simpatía, del amiguismo o el clientelismo.
Para ser Voz oficial de un órgano informativo, el individuo debe ser un profesional, debe ser íntegro y sobretodo persistente. No puede ser inconstante, no sólo en todos, sinó en ninguno de sus caminos.
Ser La Voz y la Imagen de un órgano tiene sus beneficios, pero tambien sus compromisos, significa que esa persona se compromete a proyectar con su voz, con su conducta, con su actitud, la calidad de dicha organización.
Una voz que pronuncia malas palabras, una voz que inspira temor, desaliento, no califica para proyectar la imagen de una entidad de grandes proporciones.
Esto significa que el contratado no puede bajo ninguna circusntancia llegar un día al micrófono a decir "que se mueran de envidia toditos", que se mueran de envidia y de celos los que me tiran. No puede un día llegar alegre, contento, en victoria y al otro, triste, amargado y derrotado, porque triste, amargada y derrotada se estará proyectando la entidad que le ha contratado.
Meditando en esta noticia, me viene a la mente el contrato que tenemos los hijos de Dios con el cielo, de ser La Voz y la Imagen de Dios en la tierra.
Cuando la Biblia nos dice que somos La Sal de la tierra, cuando dice que somos La Luz de este mundo, nos está diciendo que hemos sido contratados por el Padre para proyectar al mundo la imagen del cielo.
En este contrato está estipulado que no es aceptable delante del que nos contrató hablar un día de las grandezas del cielo y al otro día pronunciar con nuestra boca todo tipo de conversaciones que no se conforman a lo que se habla en el cielo.
Para el oyente promedio, el oidor olvidadiso del que habla Santiago en el capítulo 1 de su carta, ese nombramiento de ser La Voz y la Imagen del cielo, significa muy poco, sin embargo el hacedor de la Palabra, entiende que tiene un contrato con el cielo de ser La Voz y la Imagen de lo que allá arriba se habla y se hace.

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