Tuesday, October 9, 2012

SOLO UNA REFLEXION!

Para poder hacer lo recto delante de los hombres, delante de la sociedad, para andar en integridad, es imprescindible que el amor y el temor de Dios habite en nuestros corazones.

Muy a menudo escuchamos gente decir acerca de otros "Y eso que es de la religión". Esto es porque independientemente de la religión que una persona profese, si no hay amor de Dios en su corazón, si no tiene el temor de Dios, no va a producir lo bueno. Sus obras, sus sentimientos, sus pronunciamientos, su conducta, su trato para con los otros se van a ver seriamente afectados por la falta de ese amor.

Este es un principio que está claramente manifiesto en la Biblia y que nombrarlo sería "llover sobre mojado" para los que no tienen las enseñanzas de la Biblia como su norma de vida. No creen en la Biblia como la Palabra Escrita de Dios.

Si la tuvieran,  pudieran hacer lo recto ante la sociedad con tan sólo ir a sus páginas y seguir las instrucciones.

En su primera carta a los Corintios, en el capítulo 13,  el apóstol Pablo hace una reseña de lo que se debe esperar de una persona que profesa tener el amor de Dios en su corazón y citamos:

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;

no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;

no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.

Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Independientemente de la religión o creencia que profese, independientemente de tu posición económica, de tus estractos sociales, de tu formación académica. Si no habita en tu corazón el amor y el temor de Dios, tu vienes a ser como metal que resuena y como címbalo que retiñe.

En simples palabras. Eres un don nadie!

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