Friday, July 13, 2012

CONGREGARSE ES UN MANDATO.


A lo largo de casi una década de ser maestra de escuela bíblica, hay ciertas preguntas y cuestionamientos que son recurrentes en el alumnado. Una de ellas es ésta, que también la he leído mucho en este medio a modo de queja: ¿Para qué pertenecer a una iglesia, para qué esforzarse o trabajar en una comunidad cristiana, si la iglesia está llena de hombres y mujeres infieles, defectuosos, arrogantes, estafadores...etc?

Y este tipo de pensamiento mantiene lejos a quienes han huído de la institución, desilusionados, heridos, hartos...ellos entonces adoptan una postura muy peligrosa: el dejar de congregarse, con excusas valederas y muy ciertas y dignas de conmiseración, pero que les han dejado un dolor amargo y mucha soledad.
Creen que con apartarse y orar y leer la biblia en sus casas, están mucho mejor que asistiendo a un lugar y comprometiéndose. Así, olvidan o quieren desentenderse de la responsabilidad que tienen como parte de un cuerpo, de un todo, cuya cabeza no son los hombres, sino Cristo mismo. Ningún miembro cortado de su cuerpo puede vivir por sí solo. Obviamente encuentran la grata sensación del alivio de no ser maltratados, pero su experiencia con Dios se limita una meseta espiritual de retroceso y su experiencia con sus condiscípulos pasa a ser una egoísta comodidad solitaria. Se atrofian, se secan y por último, conviven con el mundo con ciertos "principios" cristianos, ni ofenden a Dios en ciertas cosas, pero tampoco hacen huir a satanás....es un estado donde dicen que aman a Cristo, pero aborrecen a los hermanos, es decir no quieren "juntarse" con ellos ya más. Aman a Cristo pero no quieren comprometerse ya más con su Cuerpo. Una extraña relación, ¿verdad? Para lo cual la primera epístola de Juan nos aclara un panorama que no gusta, donde la salvación se relaciona intrínsecamente con la comunión los unos con los otros, con el perdón y el amor, pues todo lo que ha nacido en Dios, ama, perdona, restaura. Eso sí que duele mucho porque desestabiliza argumentos y es muy difícil de aceptar, como simples mortales nos pone en una posición de ser mentirosos nosotros y atribuir absoluta verdad a Dios.

De ninguna manera quiero confrontar inútilmente, simplemente estas son cosas que casi nadie dice, porque ofenden, incomodan. Siempre nos ofende (me incluyo) hacernos cargo de nuestra propia verdad, es más sencillo juzgar a otros en cuanto a conducta y testimonio, pero ¡qué difícil es aplicar el juicio de la Palabra sobre uno mismo!

Bien, mucha gente que me lee está en esa situación, y en estos días he recibido un mensaje privado sobre este tema; situación de la cual es muy difícil volverse, porque aunque con justa razón en cuanto a la perspectiva humana, se entra en un estado de rebeldía en contra de una institución de la cual el mismo Cristo es la piedra fundamental. Claro, todo depende de la disposición del corazón a cambiar de parecer.
Es decir que de todas formas en que se justifique la falta de compromiso con la iglesia, universal, como cuerpo de Cristo, y local, como miembro activo de una comunidad; siempre, siempre se estará yendo contra uno de los principios sobre los cuales está fundada la iglesia: "Amarnos entre discípulos", así lo declara el mismo Jesús en los últimos capítulos del evangelio de Juan. Y ese amor no se puede ejercer desde fuera, sino desde dentro: amando, soportando, enseñando, dando ejemplo y corrigiendo a quien está torcido.


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1 comment:

carlos salazar said...

se necesita de alguien que pueda dirigir la forma de congregarnos en linea