Sunday, July 8, 2012
ARREPENTIMIENTO ... ctrl + z
El Señor, inmediatamente después de haberle citado a los discípulos la oración modelo procedió a decirles: "porque si no perdonais a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas..
Este pasaje se toma mucho más livianamente de lo que implica. Dudamos de que un Dios tan misericordioso no nos pueda perdonar ni siquiera porque vivimos en una gracia tan inefable que nos envuelve. Pero está ahí dicho por su hijo Jesús. "si no perdonais a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas."
Nuestras ofensas, las que cometemos contra nuestros hermanos a quienes hemos visto, se convierten en ofensas contra Dios y estas ofensas hacen una separación entre Dios y nosotros, de manera que si esas ofensas no son arregladas, definitivamente que no nos permitiran ver el rostro de Dios, no nos dejaran subir al cielo donde está Dios.
Sabiendo esto ¿cómo se explica que todavía en el cuerpo de Cristo que es su iglesia, se siga debatiendo este tema de la falta de perdón?
Sencillo; todos hablamos del perdón pero muy pocos hablamos del arrepentimiento. Todos perdonamos en nuestro corazón y confiamos de que al hacerlo Dios nos ha perdonado a nosotros, obviando por completo que para poder recibir el perdón tanto de Dios como de aquel a quien hemos ofendido es necesario un arrepentimiento.
Muy pocos asumen con responsabilidad la dificil tarea de arrepentirse delante del hermano a quien ha ofendido, a quien le ha causado daño. Asumimos que si nos arrepentimos delante de Dios, El nos perdonó y como se dice vulgarmente "muerto el abejón".
Para que haya una ofensa que nos separe de Dios, tiene que haber un ofensor y un ofendido, el ofendido puede perdonar en su corazón al que le ha hecho mal y con esto se sana, pero es ilógico pensar que el ofensor pueda ser sanado sin haber dejado su ofrenda en el altar para ir a buscar a quien ofendió y arreglar la situación.
En la parábola del Hijo Pródigo nos hemos acostumbrado a sacarle las más profundas enseñanzas al acto de amor del padre, el acto de perdon, sin embargo muy pocos hacen hincapie en el orden que sigue este pasaje.
La parábola del Hijo Pródigo es uno de los pasajes que mejor detalla los pasos de un verdadero arrepentimitno seguido de un genuino perdón.
El término "me levantaré e iré a mi padre" nos deja ver claramente que todo empieza con una desición, seguida de un arrepentimiento "He pecado contra el cielo y contra ti" nos enseña que el arrepentido siente un profundo dolor por el mal que ha causado. Aquí no hay reclamos, no hay prepotencia, no hay términos establecidos. Aquí hay renuncia total.
No soy digno de ser llamado tu hijo, hazme como uno de tus jornaleros. El arrepentido se muestra interesado en restituír el mal que su conducta ha causado, renuncia a su derecho de hijo con tal de alcanzar el perdón.
Si abundásemos un poco más sobre la falta de arrepentimiento, si hiciésemos un poco más de hincapié con relación a las ofensas de los unos contra los otros, de seguro que comenzaremos a ver un descenso en las conversaciones de falta de perdón.
Perdonar en el corazón a un hermano puede que produzca un alivio momentáneo, pero no sana al ofensor. Santiago el apóstol dijo: "Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados." Santiago 5:16.
La primera señal de un arrepentimiento genuino es un profundo dolor de haber ofendido, seguido de un gran deseo de arreglar todos los asuntos relacionados, restituír el daño que nuestra conducta pasada ha causado.
Esto fue precisamente lo que hizo la mujer samaritana, arrepentida de su vida pasada se fue a la ciudad inmediatamente despues de haberse encontrado con Jesús a restituir todo el mal que había hecho. El que tiene un buen sentido de análisis entenderá que fueron muchas las explicaciones que esta mujer tuvo que dar para poder convencer que había recibido el perdón de sus pecados.
Todos nos jactamos de hablar de la grandeza del perdón pero muy poco se habla de la grandeza del arrepentimiento, de la humillación, de ir y abrir la boca y decir: "Lo siento, perdón, yo se que te ofendí".
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