El beneficio mayor que recibe todo aquel que acepta el plan de salvación que Jesucristo nos ofrece através de su sacrificio en la cruz es sin duda alguna el perdón de nuestros pecados y por consiguiente la liberación de la condenación eterna.
Hay además una gama de beneficios que vienen incluídas en este plan de salvación, tantos que sería imposible enumerarlos. Algunos de los investigadores de la Biblia han estipulado que existen más de tres mil promesas contenidas en este libro sagrado.
Tres mil promesas en poder de un Dios que es fiel para hacerlas cumplir, nos da la garantía de que al aceptar este plan de salvación nuestra vida está completa en El.
Junto con todos estos beneficiós que contiene nuestra salvación, existe una serie de deberes y responsabilidades que tiene el que las recibe para con su Salvador. A todos los que el Señor colocaba esta salvación en sus manos les daba la recomendación: Vete y no peques más.
La salvación es gratuita para nosotros, esto no la hace sencilla, barata. Es cara, costó la sangre preciosa del unigénito hijo de Dios, en consecuencia todo el que la recibe tiene la gran responsabilidad de cuidarla y atesorarla con temor y temblor. "Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor" (Fil. 2:12) y añade Pablo: "Porque cómo escaparemos, si descuidamos una Salvación tan grande". Hebreos 2:3.
No cabe dudas el creyente que se le pone en sus manos esta salvación, recibe junto con ella todos los beneficios que conlleva y tambien una lista de responsabilidades y deberes.
Es normal que todos agarremos esa salvación y sus beneficios y que a la hora de hablar de deberes y responsabilidades confundamos el asunto y apelamos a que la salvación es gratis, y por ende evadir la parte que nos corresponde, que es cuidarla, atesorarla, valorarla, amarla.
La biblia no se puede contradecir, ella establece que desde el momento en que una persona acepta el sacrificio de Jesús en la cruz del calvario ha sido sellado para salvación, lo que implica que si como el ladrón de la cruz, un individuo se muere a los cinco minutos de haber aceptado ese sacrificio, abrirá sus ojos en el paraíso.
Por el contrario, si como los discípulos que estaban al pie de la cruz y todos los que quedaron después de su muerte y los que se fueron añadiendo para seguir pregonando esta salvación, tuvieron que hacer compromisos serios con el Señor, así mismo el que viene a El, no para ser salvo, sinó para cuidar su regalo.
El ladrón de la cruz no tuvo que hacer absolutamente nada, no tuvo la necesidad de cuidar el regalo de Dios que es la salvación porque al momento de recibirla expiró.
A menos que la persona esté seguro de que va a expirar inmediatamente después de haberla recibido, no tiene nada de que preocuparse, pero si le quedan días, semanas, meses o años en esta tierra después de haber recibido su salvación, tiene en su mano el gran reto de cuidarla.
Pero no hay por qué temer porque aun los deberes y las responsabilidades que se nos demanda, son además asuntos que nos ayudan aquí en la tierra a vivir una vida mejor y aun más, no estamos solos en la tarea, tenemos al consolador, nuestro ayudador.

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