En nuestra vida diaria secular nos encontramos a veces agotados en lo que hemos estado haciendo por mucho tiempo. En el trabajo nos sentimos cansados y ya las nuevas ideas y la promesa de un ascenso no nos provoca ni nos motiva.
Hay quienes llegan a un punto que todo lo que quieren es "ponchar" el reloj, hacer lo que es justo por su salario y ser dejados tranquilos. Aun cuando los superiores se empeñan en querer que el individuo avance, que aspire a una más alta posición, no hay la más mínima motivación.
Todo esto responde a una condición que en inglés se conoce como "Burned Out" (Agotamiento del Trabajo) "El agotamiento es el proceso gradual por el cual una persona, en respuesta al estrés y tensión física, mental y emocional, se separa de su trabajo y otras relaciones significativas. El resultado es menos productividad, cinismo, confusión; un sentimiento de ser consumido, no tener más que dar," dice Mark Gorkin, LICSW, un experto en el tratamiento del estrés con base en Washington, DC.
Esto es en el área secular de la vida del individuo. El creyente que ha sido llamado a ser un íder en su congregación muchas veces pasa por situaciones similares en las que se produce un agotamiento, después de haber estado mucho tiempo haciendo las labores de la iglesia, con la excepción de que el creyente debe ser mucho más cuidadoso pues tiene mucho más en juego.
El agotamiento en nuestro trabajo nos puede producir la pérdida de empleo y con algo de diligencia encontrar otro, sin embargo el agotamiento en el trabajo del reino nos pone en peligro de perder, cuando menos estrellas en nuestra corona.
El agotamiento que sentía Moisés por el trabajo de dirigir el pueblo cuarenta años por un desierto le produjo la pérdida del beneficio principal: Entrar en la tierra prometida y tuvo que conformarse con verla de lejos. No perdió su salvación, pero no pudo entrar en ella.
El gran Moisés, de quien Jehová dijo: Mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa" (Nm. 12:7), quien tuvo que enfrentar al rey Faraón, que por su palabra se produjeron las diez plagas, dividió el Mar Rojo, recibió la Tabla de la Ley en el Monte Sinaí, y que através de muchas pruebas y tribulaciones dirigió al pueblo de Israel por el desierto, ahora su agotamiento le llevó a cometer el grave error de golpear la roca, cuando las instrucciones era "hablarle a la roca". Números 20:11.
Es muy mencionado el caso de cuando el pueblo de Israel tuvo que enfrentar a Amalec y cómo cuando Moisés levantaba sus manos Israel prevalecía, pero cuano el cansancio tomaba efecto en Moisés y sus manos bajaban, Amalec prevalecía. El resto de la historia está para ser examinada en Exodo 17.
La guerra contra Amalec duró sólo un día, de haberse extendido es muy probable que tambien las manos de Aaron y de Hur, quienes sostenían la de Moisés se hubieran cansado tambien y hubiese llegado la necesidad de más manos que ayudaran a sostener las de Moisés.
Aquella batalla terminó aquella noche, sin embargo el mismo Jehová dijo que la guerra contra Amalec (el enemigo) será de generación en generación por cuanto Amalec (el enemigo) se levantó contra el Trono de Jehová (Exodo 17:16) de manera que la necesidad de manos que se levanten, líderes que no se dejen apagar por el agotamiento del tiempo que llevan luchando, sigue vigente.
A Elías, por otra parte, después de haber tenido una carrera de victoria contra los enemigos de Dios lo encontramos debajo de un enebro, cansado, agotado, frustrado, deprimido "Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres." 1ra de Reyes 19:4
El mensaje que le trajo en Angel de parte de Jehová es el mismo que nos hace, independientemente del tiempo que lleves en tu labor para la congregación donde Dios te puso: Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. 1ra Reyes19:7
El llamado está en pie: "Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. Hebreos 12:12.

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