
En épocas anteriores, los predicadores, misioneros y artistas cristianos se valían de una carta de recomendación que le entregaba su pastor para lograr la credibilidad de las iglesias que visitaban. Estas cartas de recomendación eran imprescindibles, ya que no existían los medios que contamos hoy en nuestra sociedad.
El pastor que se aventuraba a ceder el altar a un transeunte que pasaba por su iglesia sin esta carta, confiado sólo en su buena voluntad, se exponía y exponía a su iglesia a una que otra sorpresa desagradable pues aunque la carta recomendaba al individuo como alguien de buen testimonio, no podía revelar en sus líneas la esencia del mensaje o la calidad artística del recomendado.
El avance en la tegnología y la propagación de los medios virtuales, foros sociales, videos en internet han eliminado ambas; la necesidad de la carta de recomendación y el temor a exponerse a subir al altar de su congregación a una persona que aunque sea de buen testimonio, su mensaje no está en consonancia con lo que él enseña en su iglesia local.
Estos medios cibernéticos son un arma de doble filo ya que lo mismo pueden servir para revelar la calidad artística del individuo, la calidad del mensaje del evangelista y tambien la esencia de lo que uno y otro representa.
De ahí que todo cantante cristiano, evangelista o misionero que necesita moverse por las iglesias de diferentes países, pueblos y ciudades le es saludable tener ciertas medidas en sus pronunciamientos através de estos medios para así no cerrarse las puertas que Dios ha prometido abrirle.
Cualquier pronunciamiento, especialmente sobre los temas polémicos que dominan el escenario se puede convertir en un obstáculo para que el pastor local no quiera ni siquiera darse la oportunidad de considerar al artista cristiano, al evangelista o al misionero que ha llegado a la ciudad.
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