En los días que vivimos el humano vive muy preocupado por defender lo que entiende como "su dignidad" y en ese sentido se desatan los más grandes conflictos en nuestra sociedad, nadie quiere "quedarse dado" y muchos apelan a una frase muy contundente que dice: "Primero Muerto".
Cuando un creyente del evangelio, en pleno desafío al mandato de Dios (Mateo 5:39) se enmaraña en la lucha por defender su mal llamada dignidad, no hace otra cosa que caer en lo ridículo. En esta lucha por la "defensa de su dignidad" un creyente expone su congregación a una desintegración masiva en la que se rompen vínculos fraternales, se dividen familias y se crea una admósfera de contienda.
Para hablar de dignidad, lo primero que debemos entender es que no hay en la tierra ninguno que la pueda reclamar y que los que hemos sido hechos dignos no podemos bajo ninguna circunstancia colocar esa dignidad por encima del evangelio de aquel que nos la dio.
Apocalipsis 5:1 dice claramente: "Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo. Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo. Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos. "
Si hay una dignidad que fue pisoteada es la del único que fue encontrado digno en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra.
Unigenito hijo de Dios, Rey de Reyes y Señor de señores fue "Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos." Isaías 53:3.
Siendo hallado digno, su dignidad cayó por el suelo porque siendo Rey le colocaron una corona de espinas en su frente, siendo Dios le escupieron, siendo el valiente y poderoso recibió cuarenta latigazos y lo peor, siendo Emanuel, Dios entre nosotros sufrió la muerte más vergonzosa que un judío se pueda imaginar, la muerte por cruxificción.
Jesús pudo haber dicho como nosotros "Primero muerto" cuando los soldados romanos le fueron a prender. Pudo haber tomado uno de los soldados y agarrarlo para que Pedro lo traspasara con su espada y provocar que allí lo hubiesen linchado para no tener que pasar por la verguenza de perder su dignidad en una cruz.
Al hablar de dignidad es importante reconocer que si alguna poseemos nos la ha concedido el Padre. La historia del Hijo Pródigo nos revela que este vino ante su padre con una actitud que debemos ser imitadores: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, por lo tanto no soy digno de ser llamado tu hijo.
La dignidad del hombre a la cual hace tanta alusión fue vendida allá en el huerto del Eden y sólo por la Gracia del padre nos ha sido devuelta. En este sentido ¿Cuál es nuestro reclamo?.

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