
El Evangelio de Jesucristo se defiende solo, porque no es una tesis que necesita ser sustentada, es poder de Dios para salvación y está sustendado en la palabra que es como una espada de doble filo.
La iglesia de Jesucristo tiene quien la defienda, el León de la tribu de Judá, su novio que la compró a precio de sangre.
Nuestras congregaciones como entidades que operan aquí en la tierra, rodeadas de maldad y con un enemigo eterno que no descansa en su empeño de destruírla, necesita de los fieles para defenderla, así como lo hizo el apóstol Pablo con la iglesia de Filipo, llamando a Síntique y a Evodia a que fueran de un mismo sentir.
La disención entre los hermanos es el arma más poderosa que tiene el enemigo de la iglesia para combatirla. Sabe el enemigo que cuando echa a pelear a dos, pronto se veran envueltas familias enteras en la trifulca y como de eso se componen las congregaciones la inestabilidad está a un paso.
Por eso el creyente que ama su congregación tiene la responsabilidad de responder por ella y no caer en la trampa del enemigo. Debe mantenerse vigilante para no ser víctima de un espiritu de pandillerismo en contra de su congregación.
Los ataques del enemigo de la iglesia nunca vienen en contra de las paredes del templo, de qué color está pintada, o la alfombra que tiene ni el ancho por lo largo de la nave. Los ataques del enemigo vienen contra la membresía, su forma de culto a Dios, forma de gobierno y por lo regular vienen en forma de murmuraciones de gente que una vez fueron partícipes de las bendiciones de Dios en esa congregación, pero que como Himeneo y Fileto cayeron en sus propias conclusiones, sus consciencias fueron cauterizadas y ahora se prestan para tratar de destruirla.
Contra este tipo de ataques es que el creyente fiel debe estar listo para defender su congregación. Debe estar listo para presentar defensa con mansedumbre ante todo el que lo demande, segun 2da de Pedro 3:16.
No una defensa de dime y te diré para el que grite más alto gana la pelea, sinó defendiendo sus convicciones y poniendo en alto su congregación, su pastor, sus líderes y sus hermanos en la fé, rechazando todo tipo de murmuraciones en contra de ellos. Y muy importante, orando para que como a Balaan Dios abra los ojos de su entendimiento y vean con claridad meridiana quien es que está en medio del camino. "Entonces Jehová abrió los ojos de Balaam, y vio al ángel de Jehová que estaba en el camino, y tenía su espada desnuda en su mano. Y Balaam hizo reverencia, y se inclinó sobre su rostro."
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