Cuando venimos al computador, ansiosos de ver lo que nuestros contactos han escrito, mirar las imágenes que han colocado, debemos ser cautos cuando nos toca responder. Debemos ser sabios en nuestros pronunciamientos porque aunque en el mundo natural "Las palabras se las lleva el viento", no así en el mundo espiritual en donde cada palabra, ya sea verbal o escrita, es un decreto. “La muerte y la vida están en poder de la lengua...” Proverbios 18:21.En los tiempos cuando no había acceso a los foros sociales, el ser humano estaba menos expuesto a las maldiciones que acarrean los pronunciamientos. Solamente aquellos que tenían acceso a la televisión y la radio se exponían a los peligros de la lengua. Todo lo demás se quedaba en el entorno inmediato del que abría su boca, y el daño era menor.
Hoy, con la apertura que ha dado la internet, en donde se abre todo un mundo de posiblidades para echar a andar la imaginación y hacer uso del libre juego de las ideas, de forma inconsciente el humano vive expuesto a una serie de maldiciones que vienen con pronunciamientos vanos, tonterías que se escriben, palabras necias que se pronuncian.
Muchos sin darse cuenta se decretan maldiciones a su vida, cuando escribe que "Odia la escuela", "Odia el trabajo", "Odia el sitio donde vive", "Odia la temperatura". Muchas veces lo hacen utilizando el término en inglés "Hate", creyendo que no tiene el mismo efecto, sin embargo en el mundo espiritual no hay idioma.
Lo peor del caso es que la mayoría de personas piensa que como lo que escribe es sólo para "matar el tiempo", esto no tiene el mismo resultado en su vida. Craso error. "Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras (habladas o escritas) serás justificado, y por tus palabras (habladas o escritas) serás condenado". Mateo 12:36.
En el mundo espiritual no hay diferencia entre lo que se dice con la boca y lo que se escribe. Igual daremos cuenta a Dios. "Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Efesios 4:29.
En el mundo espiritual no hay bromas, en el mundo espiritual no hay relajos sanos, en el mundo espiritual hay dos fuerzas poderosísimas que ejercen sobre el ser humano, la fuerza del bien, "el consolador", el Espíritu Santo que nos guia a toda verdad y la fuerza del enemigo que lucha para desviarte de esa verdad.
Esa fuerza del enemigo no es omniciente, no sabe lo que tu sientes, sólo puede escuchar y leer lo que dices y escribes.
El resultado final de lo que hablamos o ecribimos siempre debe ser la edificación del que nos escucha o nos lee. Pablo dice: "A fin de dar (impartir) gracia a los oyentes".
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