Sunday, August 4, 2013

¿DEBEMOS CONTENDER POR LA FE?

Muchos cristianos hoy día están cansados de la larga Guerra por la Verdad. Ellos están inseguros acerca de si los desacuerdos doctrinales y las divisiones son una plaga en la unidad espiritual de la iglesia y por lo tanto un pobre testimonio para el mundo. Estas y otras preguntas similares se escuchan constantemente hoy día: “¿No es tiempo de dejar de lado nuestras diferencias y amarnos los unos a los otros?”, “Antes de batallar con la gente con las que estamos en desacuerdo en varios puntos de la doctrina”, “¿Por qué no mantener un diálogo cordial con ellos, y escuchar sus ideas?”, “¿No podemos tener una conversación amistosa antes que un amargo conflicto?”, “¿No deberíamos congeniar antes que ser contenciosos?”, “¿Necesita la generación actual realmente perpetuar la pelea sobre creencias e ideologías?”, “¿O podemos nosotros finalmente declarar la paz y dejar de lado todos los debates sobre la doctrina?”.

Por supuesto, existe un asunto legítimo en el tono de tales preguntas. La Escritura nos ordena: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Romanos 12: 18). “Seguid la paz con todos” (Hebreos 12: 14). “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe mansedumbre, templanza” (Gálatas 5: 22-23). Tomados todos juntos, estos pasajes aclaran que lo que la escritura demanda de nosotros es el polo opuesto de una actitud irritante. Nadie que exhibe el fruto del Espíritu puede posiblemente deleitarse con el conflicto. Entonces debería ser evidente que el llamado a contender por la fe no es un permiso para que espíritus beligerantes promuevan deliberadamente disputas acerca de temas insignificantes. Aún cuando el conflicto se presenta como algo ineludible, no debemos adoptar un espíritu mal intencionado.

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