Sunday, April 7, 2013

CUANDO UN HIJO SE LEVANTA!



Así como nos duele en lo más profundo del alma cuando nuestros hijos pequeñitos se nos caen y se golpéan, así mismo duele cuando les vemos ya adultos caer en el camino del error y se golpéan moralmente. Sentimos afrenta y dolor cuando hacen todo lo contrario a los principios espirituales y morales que les hemos enseñado.

Con lágrimas y llanto le presenté a mi hermana menor, cuando me tocó de cerca una situación de esa magnitud y su palabra de consuelo, en el momento me parecieron frías: "eso es lo de menos que le puede pasar a un padre".

Pensaba y meditaba, si aquel dolor tan intenso era lo menos que le puede pasar a uno como padre, entonces, cual era lo peor.

Con el tiempo, contemplando a mi alrededor y mirando a mi entorno, entiendo qué es lo peor que puede pasar a un padre cuando su hijo cae en el camino del error: contemplar impotente a su hijo no tener la habilidad, la disposición ni el deseo de levantarse. Verle seguir enlodándose en el fango donde cayó hasta convertirse en un guiñapo humano, un títere de satanás. Eso es lo peor.

Largas noches sin poder dormir, incertidumbre al no saber con quien andan y qué hacen, desasosiego, preocupación por su seguridad, son sólo parte del cúmulo de emociones que se anidan muy dentro del ser.

Cuando por el contrario, le vemos asumir con humillación, con gallardía y con responsabilidad y sobre todo consideración hacia el Ser Supremo, cuando vemos en ellos la disposición de levantarse y recoger sus acciones y convertirse de su mal camino y encaminarse por el sendero que le hemos trazado, sentimos esa sensación que sintió el padre del Hijo Pródigo, y como él hacemos fiesta, independientemente de los sentimientos del hermano mayor, nos regocijamos porque estamos viendo ente nuestros propios ojos el fruto de una regeneración.

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