Tuesday, March 26, 2013

LA ENVIDIA




 La envidia, por la forma como funciona se puede colocar entre las zorras pequeñas de las que habla Cantares 2:15 y tambien entre los errores ocultos de los que David suplica a Dios ser librado, ya que tiene las mismas características.

La Envidia viene disfrazada de bien, por lo regular no es otra cosa, para el que siente envidia, que su derecho a defender lo que segun su propia forma de ver las cosas le pertenece. Es un mal tan diabólico que no necesariamente la persona tiene que ser un envidioso patológico. Afecta a grandes y chicos, jóvenes y viejos, ricos y pobres y no discrimina por rango social, politico ni cultural. Afecta a todos por igual.

Siendo tan dañina que la Biblia la describe como carcoma de los huesos,  recibe muy poca atención entre los creyentes.

Ignorar este mal es un error garrafatal, ya que se cotiza entre los pecado capitales de Romanos 1:29 al 31 que rezan: estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades;

murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres,  necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia.

Para podernos cuidar de no caer en las garras de este despreciable mal es imprescindible que conozcamos la definición de la envidia y cómo se manifiesta: Envidia según la definición es aquel sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas.  La RAE la ha definido como tristeza o pesar del bien ajeno, o como deseo de algo que no se posee.

La Biblia está llena de personas que sintieron envidia y las respectivas consecuencias:  Por envidia mató Caín a su hermano Abel (Gen 4, 3-8),  Esaú aborreció a Jacob (Gen 27,41). Raquel sintió envidia de su hermana que podía engendrar hijos (Gn 30,1). Por envidia sus hermanos vendieron a José (Gen 37,11) y Saúl persiguió a David (1 Sam 18, 7-11). La tentación de los justos es envidiar la prosperidad de los malvados (Sal 73,3). Por último, por envidia fue que los judíos vendieron a Jesú.

Por envidia se pueden derrumbar grandes proyectos, pero nunca detener los planes de Dios para la vida del envidiado.

Delante de Dios tan dañino es sentir envidia por los demás como creerse envidiado de los demás.

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