Junto con el Derecho Civil o lo que la Biblia describe como el Libre Albedrío con que el ser humano nace, su Creador tambien le dotó de una cuota de complejo, la cual debe colocarse en una balanza a la hora de uno hacer "lo que le da la gana", porque no siempre "lo que a uno le da la gana" es precisamente lo más conveniente.
Si aprendiésemos a balancear nuestra cuota de libre albedrío (libertad para hacer lo que nos da la gana) con un tanto de complejo no hiciéramos el ridículo con nuestra forma de vestir, nuestra forma de hablar, nuestra forma de conducirnos en la vida.
Tanto el complejo como la libertad de hacer lo que bien nos parece en cualquiera de los extremos se convierten en dañinos para el ser. Tan dañino es ser extremadamente acomplejado como lo es no mostrar absolutamente nada de complejo.
De igual manera la historia está llena de grandes muertos que extremadamente ejercieron su derecho a su libre albedrío. Hombres y mujeres que no conocieron límites, no supieron cuando ni donde parar. Don Freddy Veras Goico decía que las cárceles están llenas de gente que hacen con lo suyo lo que les da la gana.
Una pequeña cuota de complejo nos ayuda a vestir de acuerdo, nos ayuda a identificar la ropa que va con un determinado estilo de cuerpo. Una pequeña cuota de complejo ayudaría a una mujer a cubrirse los pechos como tambien otras partes privadas del cuerpo, específicamente cuando estas partes no están en las mejores de las condiciones como para ser exhibidas, pero las mujeres las exhiben no porque están aptas, sinó ejerciendo su derecho y con todo su derecho se convierten en ridículas ante los ojos de todo aquel que todavía le queda algo de pudor y principios.
Foto de Google Images.
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