Friday, November 2, 2012

MI PASION POR EL MICROFONO



Hubo en la comunidad dominicana del sur de la Florida una época en la que se podían contar mas de 20 espacios radiales en una emisora que para la sazón vendía esos espacios "a precio de vaca muerta".

Muchos de esos espacios respondían a dos grandes motivaciones: Lucro personal y "Fiebre del Micrófono"

Mi pasión por el micrófono se remonta a cuando tenía unos doce o trece años de edad, cuando mi hermano Marcos estudiaba periodismo y tomaba prestada una grabadorita. En la cocina de mi casa leíamos los titulares de los periódicos en voz alta y lo grabábamos. Desde que llegué a Nueva York, a mis 17 años de edad me compré mi propia grabadora y continuaba esa practica, de la cual me queda un cassette.

Durante mi crecimiento en el barrio, mi aficcción por la locución estaba tan arraigada que para mi no era imposible caminar varios kilómetros a pie para llegar a Radio Nacional, una de las emisoras de la época y por entre los cristales contemplar a mis locutores favoritos en pleno desempeño de sus funciones.

No fué sinó hasta llegar al estado de la Florida que tuve la oportunidad de verme detrás del micrófono de una radiodifusora, aunque siempre estuve en cada congregación que he militado.

Como creyentes, todo aquel que tiene esa pasión por el micrófono tiene un gran reto para mantener la línea entre lo que se puede denominar como la "fiebre por el micrófono" y lo que se puede con toda propiedad denominar como un deseo de expresar su agradecimiento a Dios, de exponer lo que por revelación recibe de parte del Señor.

Se puede fácilmente caer en la inercia con tal de no ser visto como decimos en buen dominicano "como el arroz blanco", siempre presente, siempre listo para tomar el micrófono.

Es importante para el amante de la locución y la comunicación conocer sus verdaderas motivaciones para no caer en el error del exhibicionismo vano.

En lo particular,  habiendo estado detrás del micrófono por muchos años, en mi propio espacio radial, en presentaciones artísticas en parques y centros de diversiones, en la congregación desde los 16 años de edad que me convertí, me parece que he superado esa etapa, que he "sudado esa fiebre" y que muy fácilmente podría prescindir a no ser por la necesidad interna de comunicar el mensaje de parte de Dios.

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