Sunday, September 2, 2012

CASADO PARA ENGORDAR!

Cada niño, sea varón o sea hembra durante sus años de crecimiento en los que abundan los sueños e ilusiones, siempre está presente aquel o aquella con quien su corazon parece que quiere salir de su pecho. Los suspiros por un príncipe azul, en las hembras, y una princesa para los varones, un castillo de amor, donde no existe el dolor ni las desigualdades.

Se sueña con ese hogar perfecto, la familia perfecta, una buena profesión, un buen empleo, una buena casa, buenos muebles, un buen auto, viajes por todo el mundo, mucha felicidad.

Sería un caso muy raro si nos pudiésemos encontrar con alguien que sueña con casarse para por fin comenzar a ganar esas libras demás con las que siempre ha soñado. Nadie sueña con ser gordo, nadie aspira a obtener libras demás. Todo lo contrario, sea hembra o varón, la gordura es un asunto que instintivamente el ser humano rechaza y dada la oportunidad evita. De no ser así, no se vendieran tanto los planes para adelgazar, las dietas y los ejercicios.

Ante el estado de inercia que comienza a reflejarse en las  parejas en nuestra sociedad, específicamente la sociedad cristiana, que tiene un llamado a mantener ardiente la llama del supremo llamamiento, nos vamos quedando con la impresión de que engordar parecía ser la meta final que perseguía aquella pareja mientras se encaminaban hacia el matrimonio.

Cuando vemos como paulatinamente se va resagando en lo que antes hacía, sus esfuerzos por hacer el trabajo que se le ha asignado, los esfuerzos por venir al templo a buscar el rostro de Dios, así como le buscaba y así como funcionaba en el ministerio mientras pedía por un esposo o esposa. Esos esfuerzos son cada día más escasos, y mayores las excusas y mientras todo esto está sucediendo, como si estuvieran interrelacionado,  comienza a aumentar de peso el recien casado.

Para ser realistas y haciendo honor a la verdad, debemos entender y destacar que hay cambios que se producen en el cuerpo de la mujer joven, especificamente la que se somete a un plan de planificación familiar y tambien hay que destacar que el reposo que halla el hombre cuando llega a su propio hogar hacen su aporte al aumento de peso. Tambien hay que entender y reconocer que las demandas y las responsabilidades se duplican, que el tiempo se ve ahora comprometido.

Lo que no se explica es cómo mientras estábamos en la necesidad de un milagro de parte de Dios éramos tan diligentes e íbamos la milla extra, los esfuerzos muchas veces excedían nuestra capacidad porque necesitábamos ese milagro y demostrábamos a Dios con esa actitud que estábamos dispuestos a enfrentar el reto, pero al recibir el favor de Dios, de buenas a primeras comenzamos a retroceder en todo lo que se nos ha encomendado.

Cuando hablamos de casados para engordar, no sólo nos referimos a la gordura estética, sinó al engrosamiento del corazón que produce un sentido de realización personal y de seguridad en la que no parece haber necesidad de ninguna intervención de afuera y se cae en una autosuficiencia que es la que ya no nos deja sentir la necesidad, como ayer de ir y buscar el favor de Dios.  Esa es la gordura peligrosa.

A este tipo de gordura del corazón se refería Jesús en la parábola que les refirió a sus discípulos en Lucas 12:19 "y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate."

Es algo así como decir: ya me casé, ya tengo lo que buscaba, ya tengo un hogar estable, ya tengo reposo. A comer, a beber, a pasear, a disfrutar se ha dicho.

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