Wednesday, May 4, 2011

PERDON...ASUNTO DE VIDA O MUERTE

La Biblia dice que en un momento, en un abrir y cerrar de ojos seremos transformados, lo que en cierto sentido significa que Dios se encargará de asuntos sin resolver, asuntos de nuestras debilidades carnales, antes de llevarnos a morar con El allá en el cielo.


Pero hay algo que debe ser arreglado por nosotros aqui en la tierra antes de que suene la final trompeta y es el perdon. Su palabra no puede ser quebrantada y en ella dice : “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas..

Ningun ser que no haya sido perdonado puede entrar en el reino de Dios.

El grave problema existe en que nadie acepta que ha ofendido. Todo el que ofende entiende que lo único que ha hecho es establecer su posición, defender su dignidad o cualquier otro reclamo de esta naturaleza. En consecuencia el que ofende pronto olvidará que ofendió y dejará que la vida prosiga su agitado curso. Por su parte el que ha sido ofendido vive con eso en su corazón y es por eso que el llamamiento es para él

Nuestro Dios es sabio y conoce los designios del corazón del hombre por eso le cambió los papeles al hombre y le dice:  “Si supieres que tu hermano tiene algo contra ti” o sea, no te dice si supieres que tu tienes algo contra tu hermano porque El sabía cual iba a ser tu reacción para evadir el perdón.

Entre las excusas más comunes que el hombre utiliza para evadir la responsabilidad de pedir perdón estan: “yo no le he hecho nada a ese hermano” , “ el Señor sabe que en mi corazón yo no le guardo ningun rencor” , “yo le he perdonado en mi corazón” , . Con estas excusas baratas lo único que se consigue es engañarse a sí mismo y vivir con ese pecado de falta de perdón oculto hasta de él mismo, lo cual es la causa mayor para no poder escuchar la final trompeta.

El mandamiento del Señor no es perdonarle en tu corazón ni sentirte satisfecho de que no le guardas ningun rencor. El mandamiento es claro y contundente, es imperativo, no es negociable:  Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, (si sabes que el hermano te ofendió, no tú a él) deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda .

Luego de esto el Señor manda a ponerse de acuerdo con el hermano mientras están en el camino, antes de llegar delante del juez, porque si llegan delante de el juez allí va a ser demasiado tarde y no va a poder salir de la carcel.

Esto nos da a entender que los arreglos de perdón deben hacerse ahora mientras estamos de camino al cielo, porque en aquel momento, en aquel abrir y cerrar de ojos en el que vamos a ser transformados, será demasiado tarde para aquel que rehusó hacer la paz con su hermano.

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