
Hay una modalidad en la sociedad que nos ha tocado vivir que se hace muy dificil de entender. En la comunidad, en reuniones, actividades, y hasta dentro de las congregaciones, es muy común encontrar personas que no pueden asistir a un lugar porque allí va a estar otra persona que a ellos no les agrada, por alguna razón u otra y peor aun, muchas veces hasta sin razón. Porque no me cae bien, porque me hizo un desaire, porque habló mal de mí, etc.
Esta actitud dentro del pueblo de Dios es inaceptable. Aquí no hay explicación que valga, excepto que hay quienes se dejan engañar por un trabajo sutíl del enemigo de la justicia que desde el principio ha venido sembrando discordia entre los hermanos. Como lo hizo en los tiempos de la iglesia primitiva con Síntique y Evodía, dos hermanas combatientes del evangelio, colaboradoras de Pablo. (Filipenses 4:2).
Muchos justifican su actitud bajo la falsa percepción de que quien tiene que arreglar sus diferencias con ellos es el otro. Craso error. Cuando Jesús habló de dejar la ofrenda en el altar e ir a arreglar las diferencias con el hermano, él dijo: "Si supieras que tu hermano tiene algo contra ti", si te ofendió, si te maltrató, si te humilló, si habló mal de ti, en el momento que te acuerdas, que casi siempre es a cada momento, Jesús te manda a tí a ir (el ofendido, NO al ofensor) y arreglar esas diferencias.
Cuando nos toca encontrar esta situación de dos hermanos que han sido lavados con la misma sangre derramada en la cruz y no se pueden ni ver aquí en la tierra, no pueden coincidir en ningun lugar, la pregunta es de orden ¿Cómo se van a hacer cuando se encuentren en el cielo? porque una cosa es segura que allá no existen las paredes invisibles que aquí nos dividen.
Por lo regular la respuesta a esta pregunta es otro asunto de percepción y justificación, Siempre hay uno que piensa que es el otro que no va para el cielo.
Un creyente que piensa que otro no va para el cielo, no sólo hace vano el sacrificio de Jesucristo, sinó que está exponiendo su propia salvación.
Por muy dificil que se vea, es más fácil ir y arreglar nuestras diferencias con nuestros hermanos, con el que nos maltrató y nos ofendió, que tener que darle cuenta a Dios de por qué fuimos negligentes en hacer lo que El nos mandó.
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