Jesús dijo a alguien: "deja que los muertos entierren a sus muertos", jamás se debe interpretar esta declaración como un acto de insensibilidad del Maestro frente a la pérdida de un ser querido.
Una de las características del mensaje de Jesús era precisamente su compasión por el sufrimiento ajeno, por eso al llegar a la tumba de Lázaro aun sabiendo que Lázaro dormía, El lloró. Al pasar frente a El un entierro su compasión hizo que resucitara al hijo de la viuda de Nain.
Con esta declaración el Señor nos dejó dos grandes enseñanzas: Primero que nuestras excusas baratas no tienen validez alguna con El, porque El conoce los designios de nuestros pensamientos. Segundo, nos enseña a establecer prioridades en nuestras vidas.
De acuerdo a las costumbres judías los varones de la casa se quedaban para cuidar al anciano hasta que este muriera, lo que significaba que si al viejo de este joven le quedaban Diez o Quince años eso era precisamente el tiempo que le iba a tomar para ponderar el llamado del Señor. "Deja que vaya y entierre a mi padre" no era más que una excusa para salir del paso.
Así de patética son muchas veces las excusas que usa el creyente para no cumplir con el mandamiento de nuestro Señor. Para no hacer un compromiso serio y responsable con la obra, para venir a la iglesia cuando su agenda personal se lo permita, sin importarle cómo se las arregla el pastor y los líderes para asegurarse del buen funcionamiento de la obra.
Hay una gran diferencia entre una razón y una excusa. Las excusas no tienen razonamiento lógico y a veces se plantean sin ni siquiera darse cuenta de lo contraproducente que resultan.
No voy a la iglesia porque me siento decaído. No voy esta noche al templo porque tengo muchos problemas, me llegó visita y así susesivamente y sin exageración.
Se nos parecen a las excusas de la Parábola de la Gran Cena narrada en Lucas 14:16, Entonces Jesús le dijo: "Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.
Cada día se hacen más serios nuestros compromisos en la sociedad que nos ha tocado vivir y hay razones para las limitaciones por lo que hay que manejar nuestras razones con mucho tacto para no caer en error de encontrarnos poniendo excusas baratas a la hora de servir a nuestro Dios.
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