
En la postrimería de sus días aquí en la tierra, cuando ya se preparaba para subir al Padre que le envió, el Señor Jesús se encargaba de preparar a sus discípulos para lo que les esperaba una vez el partiera. Les dió instruciones específicas de cómo conducirse, sugerencias que les ayudarían a mantenerse en la fe que El les había impartido, pero muy especial les advirtió sobre los acontecimientos que precederían a su segunda venida.
Los discípulos esperaban la liberación del imperio Romano y muchas de las profecías y advertencias que El Señor les dio las relacionaban con el fin de los días que ellos vivían. No se imaginaban que El Señor les estaba hablando de acontecimientos que tendrían su cumplimiento más de dosmil años más tarde.
Entre las adevertencias del Señor nos llama la atención cuando Jesús les dice: Procurad que vuestra huida no sea en invierno y con un grito de exclamación les dice: Mas Ay de las que esten en cinta y de las que crían en aquellos días.
Si tomamos estas declaraciones en forma literal, tendríamos que asumir que Jesús se refería a los que viven en el Artico, donde el invierno es tan crudo que paraliza las actividades del ser viviente. De tomar estas palabras literalmente, los que vivimos en el trópico, nada tenemos que preocuparnos de que nuestra huida sea en invierno como en verano.
El invierno es una estación del año que marca un tiempo y una de las cosas más importante para el creyente que espera la venida del Señor es reconocer los tiempos. En este sentido podríamos traducir las palabras del maestro y al hacerlo entendemos que entramos en el terreno de la interpretación, lo cual es válido siempre y cuando no le quite ni le añada a la palabra. Podríamos decir algo como: Procurad que vuestra huida no sea en el tiempo en que las ocupaciones de la vida te tengan tan envuelto que no te permitan movilizarte.
Que vuestra huida no esté condicinada a los eventos que rigen la sociedad en que vives, que no estés tan envuelto en las actividades de este mundo que ni siquiera te des cuenta que llegó la hora de tu partida hasta que se haga demasiado tarde para la preparación.
¿Por qué se lamenta el Señor por las que están en cinta y las que crían en aquellos días, que dicho sea de paso son estos días que nos ha tocado vivir? De nuevo podemos utilizar nuestro sentido de análisis y concluír que es lógico que a una mujer en cinta o con una criatura en sus brazos se le hace mucho más difícil la movilidad. Pero se refería necesariamente el Señor a la importancia de poderse desplazar de un lugar a otro con facilidad.
Aquí tambien podemos interpretar y utilizando nuestro propio juicio podemos decir que el Señor veía mucho más allá, veía las consecuencias que enfrentarían las mujeres a las que les tocaría estar subiendo una familia en estos días que anteceden a la segunda venida de Jesucristo.
Si los que ya hemos terminado de criar y tenemos nuestros hijos que ya han cumplido la mayoría de edad, nos vemos escandalizados por el comportamiento de ellos, por su conducta que desafía todos los principios morales a los cuales nos hemos mantenido apegados, si de ellos recibimos todo lo contrario a lo que con ilusión anticipábamos, ¿qué puede esperar la madre que tiene sus hijos en brazos o las que estan en cinta? Cuál será el destino final de la nueva generación en unos quince o veinte años con el nuevo código de conducta que rige a la sociedad.
Qué le espera a los hijos de las que estan en cinta en una sociedad podrida, donde el pudor es un mito, un chiste la desverguenza. Donde se cambia lo dulce por amargo y lo amargo por dulce, donde se hace de la luz tinieblas y de las tinieblas luz. Que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo.
Son estas más que razones para exclamar a todo pulmón Ay de las que estan en cinta y de las que crían de aquí a diez años si los días no fueren acortados. Pero gloria sea a nuestro Dios que por causa de los escogidos, los días que estamos viviendo seran acortados. Nuestra redención está cerca!
No comments:
Post a Comment